¿Cómo te ayudaremos a dejar de gritar?

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Primero trabajaremos en comprender cuando gritamos a nuestros hijos y las razones por las que lo hacemos, reflexionando sobre si tenemos las mismas reacciones con los niños que con otras personas y las situaciones que nos suelen descompensar.

Después empezaremos con las herramientas que ofrecemos en la Pedagogía Blanca para ayudar a los padres a conseguir ese objetivo que es mejorar su manera de reaccionar ante las tensiones de la crianza y sobre todo, a lograr una relación de respeto y confianza con sus hijos ahora y en el futuro.

Algunas de esas herramientas son humanas, personas y grupos con los que podemos trabajar, otras son herramientas con las que trabajaras por tu cuenta. Son todas muy prácticas, realistas y al alcance de todos.

Luego descubriremos ejercicios que nos van a ayudar a conseguir no gritarles a los niños, adaptados a las necesidades y personalidad de cada alumna.

Terminaremos con los instrumentos originales de la Pedagogía Blanca que podrán usar las asistentes desde el primer día y que, por experiencia, sabemos que les van a ayudar mucho.

Visitas

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Cuando le decimos a los niños que les vamos a llevar de “visitas” se les suele hacer cuesta arriba.

Me refiero a visitas culturales, porque como antes de ir no tienen la idea de lo que van a ver, suele parecerles un rollo.

Una manera más efectiva de que esas excursiones les gusten es que sean ellos los que las organizan. En este post os cuento cómo lo hago yo.

No tiene por qué ser en la ciudad dónde vives exclusivamente. Puede ser en cualquier ciudad a la que vas de vacaciones o a visitar a algún amigo o familiar.

En primer lugar elegimos un tema que nos interesa a todos, por ejemplo los minerales.

Ellos mismos investigan dónde puede haber minerales en esa ciudad: museos, exposiciones permanentes, exposiciones temporales, edificios o estaciones de metro construidas con mármoles o piedras milenarias, mercadillos, etc…

Decidimos lo que queremos visitar o nos da tiempo en un día o en una semana, según la disposición.

Hacemos una ficha con los siguientes datos:
– Nombre del lugar
– Qué nos vamos a encontrar, principalmente
– Dirección
– Horario de visitas
– Requisitos (si es que los hay: mascotas, mochilas, vestimenta, etc.)
– Opciones (alquiler de audios, visitas guiadas…)
– Cómo llegar en transporte público

Respecto al transporte elegimos el público porque es una herramienta muy buena para que aprendan a orientarse con un plano de metro o autobús y más sostenible que el vehículo particular.

Nosotros solemos ir en metro. Así, ellos, con un callejero y un plano de metro tienen que guiarnos por las calles y las estaciones hasta llegar al destino.

Marcamos un punto de salida en el plano (donde nos encontramos) y dónde está el lugar de destino (museo, mercadillo…). Nos vamos al metro más cercano al punto de salida (que también tienen que localizar ellos) y así sucesivamente.

Luego, una vez en el lugar, según el trabajo que hayamos decidido hacer a posteriori, tendrán que buscar una información u otra preguntando, anotando, dibujando, cogiendo dípticos o lo que sea.

En una sola jornada han manejado muchos parámetros. El aprendizaje es muy completo y les sirve para el resto de sus vidas.

Otras opciones de visitas que hacemos y que nos gustan mucho son las exposiciones monográficas.

Por ejemplo:

– Inventores: Nícola Tesla, Leonardo da Vinci…
– Escritores: Julio Verne, Antón Martín…
– Juegos y juguetes: Lego, Playmobil, juegos de rol…
– Ferias alternativas: salud, alimentación, artesanía…
– Coches antiguos, trenes…

Y lo que más nos gusta es visitar lugares donde han sucedido hechos históricos interesantes:

– Córdoba: Medina Azahara, mezquita…
– Granada: Alhambra, Generalife…
– Toledo: Alcázar, Puerta de Bisagra…
– Madrid: Puente de Toledo, Puerta de Alcalá…
Etc.

Una manera de que lo hagan aún más motivados es, por ejemplo, que lleven una cámara fotográfica o un disfraz acorde a lo que vamos a ver.

Ánimo. Hay que ir de visita.

Hazte estas preguntas y decide si necesitas el taller “Deja de gritar”

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¿Cuándo sientes frustración, enfado, rabia… qué haces?
¿Eres capaz de separar tu emoción de tu acción?
¿Reaccionas automáticamente con agresividad hacia otros o tu mismo?
¿Cómo te sientes despues de un estallido?
¿Y cuando has sabido reconocer la emoción y canalizarla de manera que no dañe a nadie?
¿Comprendes que es lo que te hace sentir esas emociones y que eso no siempre se relaciona con la situación en si?
¿Reaccionas automáticamente o sabes observar y aceptar la emoción?
¿Distingues reprimir la emoción de canalizarla?
¿Gritas, pegas o insultas o amenazas cuando sientes rabia?
¿Porqué con algunas personas reaccionas de una manera y con otras de otra?
¿El amor está presente en ti es todos los momentos?
¿Sigues amando cuando estás enfadado?
¿Eres capaz de sentir rabia y no dañar a los que amas?

 

En el taller “Deja de gritar” trabajaremos estas y otras preguntas y os dará herramientas prácticas y útiles para cambiar esas reacciones automáticas que hacen que, cuando estás desbordada, pierdas el control y le grites a tus hijos.

No es milagroso, no serás nunca perfecta pues la perfección no existe, pero si conseguirás conocerte mucho mejor y canalizar de manera no dañina esos desbordes inevitables.

Reconocerás mejor las situaciones que te hacen perder el control, aprenderás a identificar los signos de tu rabia, entenderás porqué gritas, y tendrás herramientas para conseguir que, cada vez menos, descargues esa rabia hacia los niños. Tu no quieres gritarles y sabes que no es positivo, pero no consigues controlarte. Enfocada en el amor, el autoconocimiento y la reflexión irás mejorando tus habilidades de comunicación positiva con ellos, sembrando confianza mutua y aprendiendo a relacionaros desde la empatía y la comprensión.

Consejos para dejar de gritar.

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Para dejar de gritar…  no puedo resumiros un curso de dos horas en un momento, pero hay algunas cosas sencillas para empezar. La primera es convenceros de que igual que no le gritáis a vuestras parejas o amigos cuando os exasperan sois capaces de no hacerlo con los niños y tomar esa determinación.

Otra idea que aconsejo es pensar en las razones por las que les gritáis, vuestra infancia y como os sentíais de mal cuando os gritaban (y no queréis que los niños se sientan asi), que analicéis las situaciones que os superan y trabajar para simplificarlas (la hora de dormir, los deberes, que se peleen…).

Ponéos un cartel en vuestro armario con las razones por las que no queréis gritar (les hace daño, estropea la comunicación, enseña malos hábitos, os aleja de ellos, os hace sentir fatal) y mirarlo cada mañana.

Reconoced los sintomas de la ira y acostumbraros a respirar hondo y apartaros mentalmente de la situación para tratar de empatizar con el niño. Podéis incluir en vuestras rutinas vitales ejercicios que os ayuden al autocontrol: meditación, relajaciones, deporte. Cuando estéis con los niños estad con atención plena, nada de telefonos, charlas con otros, estad atentos y disponibles, hablandoles despacio y a su altura, (aunque ojo, los niños no asimilan las instrucciones y normas la primera vez pero es uqe tienen mucha menos experiencia que nosotros).

La cuestión es saber parar a tiempo, antes de no poder más, relajaros y entonces atender el conflicto, pensando la relación que de verdad queréis tener con vuestros hijos ahora y cuando sean adolescentes. Y cuando sean adultos. La cuestión es saber parar a tiempo, antes de no poder más, relajaros y entonces atender el conflicto, pensando la relación que de verdad queréis tener con vuestros hijos ahora y cuando sean adolescentes. Y cuando sean adultos. Tener ese objetivo en mente. Y recordar de manera consciente cuanto cuanto cuanto los amáis y lo que dependen de vosotros. Criar un hijo es la mayor responsabilidad que vais a asumir en la vida. Nunca seréis perfectas porque la perfeccion no existe, pero si sois todas vosotras, capaces de mejorar.L

Llevad un minidiario de este objetivo. En el cada noche escribid lo bueno que habéis hecho y solo después los errores. Repasadlo semana a semana y mes a mes. Veréis como daos feedback os ayudará mucho.

Alejad la culpa. La culpa no sirve para nada. Os va a servir asumir errores, entender los errores y empeñaros en ser responsables de ellos para evitarlos. Es un día a día. Pero pensad que vuestros hijos llegaran a los 14, a los 16, y no queréis que os escondan sus equivocaciones o miedos, sino que de verdad confien en vosotros y podáis hablar con ellos son gritos. (Porque si les gritáis ahora.. a los 16 os van a gritar ellos). Tened claro vuestro objetivo: construir una relación de amor sincero y bueno, de comunicación y respeto mutuo para toda la vida.

Muchas veces estamos cansadisimas y muy solas y eso nos hace perder el control. Pedid ayuda en casa y pedid ayuda a vuestra pareja para que os sirva de sostén. Y pensad en vuestros niños como seres naturales y que necesitan cosas (movimiento, aire libre, juego) que a veces no les damos en la medida que necesitan y están tan saturados como nosotras. Reconsiderar los límites y normas que ponéis, los tiempos, las rutinas. Sed creativas.

Mireia Long

Deja de gritar. Los gritos dañan psicológicamente a los niños

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Quiero comenzar con una reflexión persona que os invito a realizar. ¿Vosotros cómo os sentís cuando alguien a quien amáis o que tiene poder sobre vosotros os grita?

Mi sensación es de impotencia, desamor y también de furia, que puede ser contenida o puede estallar. Pero yo soy adulta y puedo incluso comprender que esa otra persona está actuando mal, no tiene control sobre ella misma, está desbordada. Pero lo entiendo porque soy adulta. Un niño no puede.

Sin embargo, si esa persona actúa habitualmente gritándome cuando hay un conflicto entre nosotros reconoceré que tiene una pauta de comunicación violenta, que me agrede y posiblemente intente romper la relación si me es posible o, si no lo es, al menos alejarme y poner espacio entre nosotros para evitar tener que defenderme o enfadarme.

Si puedo y esa persona es muy importante para mí la ayudaría a mejorar y a no ser violenta en sus palabras, pero lo haré desde mi conciencia de adulta formada y capaz de poner límites a los demás, o, al menos, de saber que límites me niego a que los demás sobrepasen conmigo.

También quiero invitaros a tratar de recordar como os sentíais cuando eráis niños pequeñitos y vuestros padres o maestros os gritaban. . La sensación que yo recuerdo era de miedo.

Si, era miedo, miedo a ser agredida (aunque nunca me hubieran pegado), un miedo difuso a no ser amada, conciencia de incapacidad y culpa, indefensión, tristeza, injusticia y rabia que no siempre podía expresar pero que se mantenía y podía descargarse de otro modo.

Pues bien, vamos a hablar con la psicóloga Mónica Serrano que nos va a ayudar a entender todo esto.

¿Podemos calificar de violencia gritar?

Partiendo de la definición de la OMS, que señala que la violencia es el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones, gritar se considera violento en función de la intención de los padres cuando gritan.

¿Gritamos para dominar el niño?

En mi opinión, utilizamos el grito para atemorizar, activar el miedo en los niños y, desde esa emoción, conseguir nuestro objetivo (que se estén quietos, que coman, que se duerman, que se vistan, etc.).

Con esto quiero decir que el grito es violento, pero no que todos los padres que gritan sean violentos. Estoy refiriéndome al acto, no juzgando a la persona.

¿De verdad es cierto, como dicen algunas personas, que eso no deja huella?

Los gritos dejan huella. Pero habría que valorar si son reiterados o una explosión puntual en una situación concreta. Si los gritos se utilizan como herramienta habitual en la dinámica de comunicación con los hijos, estaremos criando personas inseguras, obedientes, sin criterio propio y sin capacidad de defenderse.

Cuando un niño interioriza que el grito es una forma aceptable de comunicación, queda expuesto a tolerar este tipo de interacción por parte de cualquier persona y a emplearla él mismo en edades posteriores.

Pero, Mónica, todos gritamos alguna vez.

Todos gritamos alguna vez. La clave está en ser capaces de reconocer ante nuestros hijos que no tenemos derecho a hacerlo, que ellos no deben permitirlo, que nos hemos equivocado, pedirles perdón y comprometernos a intentar no repetirlo.

¿Qué daños emocionales causa a los niños?

Emocionalmente, los gritos afectan negativamente a la autovaloración y la autoestima del niño. También repercuten en su sensación de seguridad, pues les genera mucha inseguridad.

Los niños a los que se les grita habitualmente pueden desarrollar indefensión aprendida, definida como la sensación de impotencia del individuo ante los acontecimientos, lo cual le lleva a la pasividad.

El niño que recibe gritos constantes aprende a que no es capaz de transformar sus circunstancias para conseguir bienestar, pues la interacción agresiva a través del grito no le ofrece opciones de acción. El grito asusta, paraliza. Esta sensación de indefensión conlleva desmotivación, pobre autocontrol y mucho malestar emocional.

¿Cómo podemos mejorar los padres y controlarlos mejor?

Para gestionar mejor las situaciones que nos incitan a gritar habitualmente, es importante en primer lugar que tomemos conciencia de que no queremos gritar a nuestros hijos, pues ellos merecen ser respetados.

En segundo lugar, es importante que nos comprometamos con nosotros mismos para intentar dejar de hacerlo.

¿Nos puedes dar algun consejo práctico para dejar de gritar?

Existen diversas técnicas que ayudan a evitar los gritos. En mi opinión, la relajación y reducir el estrés en general es muy eficaz.

El análisis de cómo nos criaron a nosotros y qué dinámicas de comunicación se establecieron es fundamental para comprender el origen del impulso a gritar a nuestros hijos.

Probablemente, tendremos que buscar referentes nuevos, no agresivos. Estos modelos nos ayudarán a generar estrategias respetuosas de gestión de conflictos. Estos modelos son personas que nos gusta como gestionan los conflictos y que podemos aprender de ellas herramientas positivas para aplicar con nuestros hijos.

Parece bastante evidente que gritar a los hijos les hace daño emocional y psicológico, así que tenemos una magnífica razón para dejar de hacerlo, protegerlos.

Mireia Long y Mónica Serrano

Publicado originariamente en Bebés y más

Deja de gritar. Los daños biológicos de los gritos a los niños

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Pues vamos a seguir hablando sobre los gritos que los padres y madres damos a nuestros hijos, sea porque no obedecen, sea para parar una conducta que consideramos incorrecta o que es peligrosa, sea porque estamos, sencillamente, desbordados o agotados. Pocos padres se alegran de usar los gritos pero, ¿de verdad los gritos dañan a los niños?.

Una de las razones en las que buscan justificarse o calmar sus remordimientos los padres y madres que suelen gritar mucho a los niños es que a ellos les gritaban y “no han salido tan mal”. Pero es que todos, en cierta medida, procedemos de crianzas en las que la violencia no estaba erradicada y nos cuesta mucho romper con el pasado y reconocer que nuestros padres, que tanto nos amaban y tanto nos cuidaron, nos hicieron daño sin querer.

Porque, ¿de verdad estamos tan bien? El ser humano es resiliente y sobrevive a las peores tragedias, incluso es capaz de hacer del dolor una fuente de crecimiento y aprendizaje. Pero eso es una cosa y otra conformarse con repetir pautas de crianza que justifican o usan la violencia como educativa.

Hoy comparto con vosotros la conversación que he mantenido con Irene García Perulero, bióloga, investigadora en bioquímica, madre, escritora y conferenciante.

¿Cuáles son los mecanismos físicos del estrés y el miedo que desencadena en un niño que le griten sus padres?

El grito es una señal de alarma o una señal de enfado. Cuando gritamos no sólo gritamos palabras sino que acompañamos el grito de un lenguaje no verbal. En principio ambos tipos de gritos pueden producir la misma respuesta, que es la activación de las típicas señales de alarma.

¿Cuáles son esas respuestas fisiológicas a la alarma?

Se secreta adrenalina, el corazón late más rápido. Esto podría pasar por ejemplo cuando tu niño va a meter los dedos en el enchufe y lo único que te sale es gritarle que no. La respuesta más probable es que el niño se quede paralizado.

Cuando el grito es de enfado es parte de una comunicación cuando menos agresiva. Al grito le acompañan palabras que muestran ira y gestos normalmente amenazantes.

¿Cómo es la reaccion del niño ante la amenaza?

Ante una situación así el niño puede reaccionar de dos formas típicas, dependiendo de su edad, de su carácter y de otras circunstancias personales o puntuales. La respuesta típica a una amenaza es el ataque o la huida.

En niños mayores o adolescentes puede llegar a darse un enfrentamiento. En niños más pequeños al ser más vulnerables la respuesta más típica será la huida, que se refleja por ejemplo en que se encogen sobre sí mismos, ponen las manos en posición de defensa, etc, ya que un niño muy pequeño no puede irse.

¿Y cuando son habituales?

Si los gritos son reiterativos y continuados se produce un aumento en los niveles de cortisol, ya que se produce una situación de estrés crónico. A largo plazo se puede producir indefensión.

¿Qué efectos a medio y largo plazo tiene esto en la salud física recibir gritos y sentirse amenazado de manera habitual o bastante habitual?

El cortisol, la hormona del estrés, está implicada en muchos mecanismos fisiológicos, desde el control del sistema inmune o del metabolismo de los azúcares hasta la estructura del hipocampo. Así pues sus efectos pueden ser muy variados.

Se sabe que el estrés crónico producido por ejemplo por relaciones abusivas en el cole puede aumentar el riesgo de enfermedades inflamatorias crónicas en la edad adulta. El cortisol se usa como indicador de estrés crónico y el estrés crónico se ha relacionado incluso con una menor esperanza de vida, ya que está relacionado con una menor longitud de los telómeros de los cromosomas.

¿La biología podría ayudar a los padres que no saben contenerse?

Hacernos conscientes de los mecanismos biológicos que se disparan cuando gritamos a nuestros hijos ayuda mucho a no ignorar las consecuencias de nuestros actos.

¿Qué podemos hacer?

Obviamente reducir el estrés en los propios padres mejora mucho la relación con los hijos. Los gritos pueden deberse a una acumulación de estrés en los progenitores, ser padre es duro, pero esto no tiene tanto que ver con la biología como con las circunstancias personales y sociales.

Aparte de reduciendo el estrés en los propios padres el resto es más una labor de crecimiento personal y compromiso con nuestros propios hijos. Y también con nosotros, mejorar la comunicación con nuestros hijos reduce a su vez nuestro propio estrés. Todos estos mecanismos suelen ser de feedback positivo.

Mireia Long e Irene García Perulero

Publicado originariamente en Bebés y más

Podemos dejar de gritar a nuestros hijos

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Fragmento de la entrevista a Mireia Long por Chus Gómez. Publicada en el Diario de Pontevedra. Fuente original: Blog de Teta Meiga

¿Podemos dejar de gritar a los niños?
Yo creo que sí. ¿Cómo? Lo primero es convencerte de que no quieres. Igual que piensas ‘le daría un azote’, pero no lo haces. Pues igual, ‘aunque esté al borde del colapso no le voy a gritar’. Le hablaré seria, con una voz más dura, pero no me voy a poner a gritar.
Porque ya no es que grites, es que te descontrolas y dices barbaridades. ‘Me tienes harta’, ‘No te aguanto’, ‘Me vas a matar’… Analiza lo que estás diciendo, que son unos mensajes demoledores para el niño. Cada vez que vas a hacerlo, porque lo notas, hay una serie de técnicas para pararlo, dar un paso atrás, observar la situación y enfrentarla de otra manera.
¿Y cómo se hace eso?
Si tu vida es tan agobiante que todos los días le gritas a tu hijo tres o cuatro veces, ¿qué es lo que tienes que hacer? ¿Cambiar a tu hijo o cambiar de vida? Hay veces que tenemos que realizar determinadas acciones para que nuestra vida sea más sencilla y más feliz. Estamos vivos ahora y ¿qué queremos, que nuestros hijos nos recuerden perdiendo el control continuamente? ¿Queremos que el día a día con nuestros hijos sea feliz? Son las personas que más amamos. Tenemos que cambiar nuestra vida. Hay gente que me cuenta que todas las mañanas tiene una pelea porque la niña no se quiere poner los zapatos y tiene que ser autónoma. ¿Y cuántos años tiene? Tres. Autónoma será con 18. No crees una bronca todas las mañanas.
‘Es que vamos a tomar café con mis amigas y los niños están corriendo todo el rato por la cafetería’. Ya, es que no es el lugar adecuado para tus hijos de tres y cinco años. Porque ni ellos están a gusto ni estás a gusto tú ni los del resto de la cafetería, que empiezan a pensar en Herodes.
A lo mejor tienes que tomar café en un sitio con un parque cerca. También tenemos que introducir rutinas en nuestra vida que nos ayuden a tener mejor estado físico y mental. Son indispensables. Un poco de ejercicio, algo de yoga, meditación, reza si eres religioso… Hay técnicas para apartarte de la situación. Una respiración, dar un paso atrás físicamente, reflexionar sobre ello, acostumbrarte a pensar lo muchísimo que quieres a tu hijo antes de gritar. Si te acostumbras poco a poco a hacer esas cosas controlas el grito y lo dejas para cuando hay que gritar: cuando el niño va a cruzar la calle solo. Ahí sí. Pero no puedes decir ‘¡alto!’ porque se está subiendo a la escalera, a la silla, porque está cogiendo la taza…
Es decir, habría que elegir el momento y dosificar el grito.
El grito existe en nuestra manera de comunicarnos. Sirve para descargar una máxima tensión, pero no en tu hijo y menos si es porque vienes estresada del trabajo. Si un día normal lo que hace el niño no te molesta y hoy sí, entonces no es su culpa, es de tu entorno, no lo descargues en él. También puedes usar ese grito para lo que es natural, momentos de máximo peligro mortal. Si le gritas a tu hijo seis veces al día, ¿es que hay seis situaciones de riesgo mortal al día? Son tonterías que nos molestan.
Una escalera con una barandilla es una tentación para un niño, pero él no está haciendo nada malo. Está haciendo lo que naturalmente su biología le indica que haga: escalar, saltar, tirarse en los charcos…
Es lo que necesita para desarrollarse. Si te has preocupado de que tu hijo pueda saltar y escalar todos los días en un ambiente seguro, después sí va a poder estar en un sitio. Pero si tú no le dejas, ni en el colegio, el niño lo hará donde pueda porque internamente existe esa necesidad. No puedes perder el control y pretender que tu hijo se controle. Al final te das cuenta de que casi todo lo que hace es comprensible y de que le estás poniendo unas normas que él todavía no entiende que sean necesarias. No puedes enfadarte. A medida que vaya creciendo se adaptará a esas normas sociales, pero no puedes pedirles con dos años que entiendan la necesidad de irse a la cama a las ocho en punto. Su cerebro no funciona así.

Opiniones de asistentes al taller Deja de gritar

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Os dejamos algunos testimonios de las participantes en anteriores ediciones del taller “Deja de gritar”

 

A mi me ha ayudado el taller “Deja de gritar” a tomar conciencia del punto en el que estoy y a tener pequeños trucos para gestionar los momentos de crisis. Lo recomiendo a quien quiera salir del círculo en el que a veces nos vemos inmersos y no sepa cómo. A partir de ahí…¡¡comienza otra aventura!! 😉 Gracias.

Isabel Castells

Encontré la Pedagogía Blanca buscando informarme sobre la educación en casa. Me gustó mucho su forma directa de resolver dudas y su filosofía de la enseñanza y la educación, que son pura humanidad y humanismo. No dudé en apuntarme al taller de “Dejar de Gritar” ¿Cómo no hacerlo? de nuevo, directos al grano… “¡A las cosas mismas!”… El taller es extraordinario, no solo desgrana las causas, razones y orígenes de nuestro gritar femenino (anti-) maternal, si no que te ofrece las herramientas claras y directas para evitarlo, reeducarte como una madre reconciliada con su papel de tal y situarte vitalmente al lado de tu hijo, no enfrente de él. Estoy agradecida, porque además nos ha abierto un grupo cerrado en FB y todas las participantes del taller seguimos en contacto y nos seguimos el rastro preguntándonos, apoyándonos entre nosotras … toda una suerte poder sentir la pertenencia a un grupo de mujeres preocupadas por el bienestar de sus hijos, por la herencia emocional (que es la más importante) que están recibiendo de sus madres, nosotras. Gracias.

Helena de la Vega, profesora y madre

Asistí al curso buscando respuestas y las encontré. Estoy aprendiendo a controlar mis emociones, que son las que pueden desbordar una situación en casa debido a mi cansancio o estrés. Estoy aprendiendo nuevas técnicas para evitar gritar, ya que el grito supone agravar el conflicto y dificulta la comunicación. Entender qué pasa en cada momento, te ayuda a gestionar la situación. Y aprender a evitar los conflictos, es mucho mejor. Yo no grito a mi pareja, ¿por qué debería gritar a mis hijas? No quiero ser la gallina que se deja picar por el gallo y como represalia pica a las demás gallinas. Quiero ser una gallina empoderada que no necesita picar porque no se deja picar. Gracias.

Vanessa Calle. Mamá de mellizas.

Sintoniza el dial

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Os quiero contar una idea que se me ocurrió hace unos años por si os sirve.

Trabajaba con un grupo de niños en las actividades extraescolares del colegio y, hasta en ese espacio tan distendido, había algunos que apenas se relacionaban y menos aún hablaban en público.

Quería que todos participasen, que todos se expresasen y contasen cómo se sentían o qué les apetecía hacer o decir.

No era fácil. No les gustaba hablar y que el resto les mirase a ellos. No llevaban muy bien el ser protagonistas.

Entonces se me ocurrío crear una radio. Una superradio donde hablar sin miradas, donde proponer cosas, donde contar cómo te sientes o qué te molesta o te gusta…

Entre todos la diseñaron, la pintaron y la colocaron entre mesas de la clase. Organizaron una especie de programación radiofónica y, solos, por parejas o grupos, crearon sus escaletas de intervenciones y les sirvió para expresarse sin ser vistos.

Aunque esto duró poco porque al final de cada “emisión” se felicitaban unos a otros ya mirándose a la cara y sonriendo.

Las normas que establecimos eran muy pocas:

– Cada uno es libre de hacer el programa sobre su tema favorito.
– Es obligatorio que sea respetuoso con todas las personas, animales o cosas.
– Mantener el volumen al 50%.
– Nadie lo hace mal, cada uno lo hace como quiere, sabe o puede.

Les gustó mucho. Era como estar en un cobijo.

Nuestros consejos para no gritar más a tus hijos

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Los gritos son desagradables. Ninguno de nosotros deseamos que nos griten ni para darnos instrucciones ni para regañarnos si hemos hecho algo mal. Tampoco nos gusta que nuestros hijos griten. Pero, ¿porqué les gritamos nosotros.

A veces es inevitable perder el control y hasta, en ocasiones, el levantar la voz nos va a salir sin pensar, cuando el niño está poniéndose en riesgo. Pero en la mayor parte de las ocasiones gritamos simplemente porque nosotros, los adultos, estamos desbordados. No siempre la razón es realmente el niño, sino nuestro cansancio o nerviosismo. Pero para que un niño no grite tenemos que darle ejemplo y además, asustarlos no les enseña el comportamiento adecuado.

Educar a un niño sin gritar es posible. No son más amables ni se comportan con más respeto los niños a los que se les grita, más bien al contrario. Si les gritamos, aprenderán que gritar es correcto. Para educar sin gritos podemos usar algunas herramientas sencillas que nos van a ayudar mucho.

1.- Adelántate a los acontecimientos. Estar atentos a nuestros hijos, percibir que están agotados o nerviosos, nos ayuda a prevenir situaciones peligrosas o de desbordamiento emocional en ellos. Y nos permitirá acompañarlos y guiarlos antes de que se desencadene el peligro o la tensión en muchas ocasiones.

2.- Reconoce tus limitaciones. Los adultos también estamos a veces preocupados, nerviosos o cansados y eso hace que perdamos el control más facilmente. Como hemos conseguido no gritarle a otros adultos podemos hacerlo con nuestros hijos que igual merecen respeto y empatía. Si estamos al límite de las fuerzas físicas o emocionales podemos, si el niño ya tiene edad, confiárselo. Y desde luego debemos aprender a relajarnos y no descargar en ellos la frustración.

3.- Recuerda cuando eras niño. Si somos adultos propensos a gritarle a nuestros hijos seguramente es que cuando erámos pequeños también nos gritaban mucho a nosotros. Si eso es así trata de recordar como te sentías cuando tus padres te gritaban: asustado, triste y enfadado. Y al recordar esas sensaciones negativas seguro que te será mucho más facil querer que tu pequeño no se siienta así y buscar otras herramientas de comunicación más empática y relajada.

4.- Toma una decisión: no voy a gritar. Mientras excuses tus pérdidas de autocontrol te va a ser muy dificil dejar de gritar. Pero si decides, consciente y responsablemente como adulto educado que eres, que no usarás los gritos estarás listo para empezar el camino.

5.- Busca ayuda. Los adultos nos dedicamos a aprender y formarnos también, para nuestro trabajo, nuestras aficciones y para mejorar nuestras habilidades sociales y de comunicación. Nuestros hijos merecen que, ya que son lo más importante de nuestras vidas, que dediquemos tiempo a leer y descubrir la psicología positiva y la comunicación pacífica. Existen muchos cursos, libros y grupos de familias, y también profesionales que pueden ayudarnos.

Si yo he podido aprender a educar sin gritos, tu, si quieres, también vas a poder.

Mireia Long