I Congreso Divulgativo Criar Cuidar y Educar

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Vivimos un tiempo de cambio social que afecta más que nunca a los niños y jóvenes: con propuestas desde el ámbito tecnológico, de la comunicación, de experiencias de ocio…que chocan a menudo con el estilo educativo existente en las familias y los centros educativos.  La dificultad para encontrar un modo de llegar a los niños, de transmitirles valores con los que afrontar la vida, herramientas para el éxito personal y social y mantener unos vínculos sanos con los progenitores y educadores, es una demanda en auge en nuestros días.

Existe una búsqueda de recursos, estilos, directrices que aseguren la idoneidad de nuestra labor como adultos acompañantes, ya sea en el ámbito intrafamiliar o en la educación formal.

 
Con el objetivo de cubrir esta necesidad nace el I Congreso Divulgativo Criar Cuidar y Educar, cuya edición tendrá lugar el día 8 de Abril en el Auditorio David Bustamante de San Vicente de la Barquera (Cantabria). Este congreso convoca  a educadores, estudiantes y directores de todos los ámbitos de las Ciencias de la Educación. Psicólogos, orientadores, profesionales de la atención familiar y educativa. Madres y padres, cuidadores y todos aquellos que tengan niños a su cargo.
El lema escogido es “Con los pies en el suelo”: Los organizadores de este Congreso se enfocan en una práctica profesional y una convivencia familiar honesta y coherente, basada en las necesidades de todas las personas implicadas en el acto educativo y fundamentada en las aportaciones científicas más relevantes. Su objetivo es entregar herramientas valiosas, conocidas en ciertos ámbitos pero alejadas aún de la escuela y la familia.
Los tres ejes principales serán:
-ponencias, con la presencia de de Rosa Jové
-experiencias educativas de directores de escuelas alternativas
-talleres temáticos formativos
 

¿Por qué “Con los pies en el suelo”?

 
Es fundamental partir de la realidad que estamos viviendo cada día y llevar a cabo una práctica profesional eficaz y una vivencia familiar ajustada a las necesidades de niños y adultos. Por encima de creencias y mensajes interesados, debe primar el interés de los niños, quienes tienen derecho a ser educados para conocer y hacer realidad sus talentos. Todos los ponentes nos mostrarán cómo han sido capaces de llevar a cabo cada día una relación respetuosa y humana con los niños, que va a enriquecer a todos los asistentes por su carácter práctico.
 
En este Congreso tienes a tu disposición nuevos conocimientos y herramientas prácticas aplicables a la educación en la escuela y la crianza en el hogar. Con profesionales en activo expertos en su campo, dedicados a la difusión y el acompañamiento con el fin de contribuir al desarrollo de una generación de niños y adolescentes más capaces, completos y felices.

En un entorno natural inigualable del Norte de España, San Vicente de la Barquera, cuyo Ayuntamiento pone a nuestra disposición el Auditorio David Bustamente para facilitar la convivencia y creación de sinergias y aprendizajes, que van a tener lugar durante el Congreso.

¿Quiénes están entre bambalinas?
Mª Pilar Gómez y Virginia García, dos profesionales del ámbito educativo y familiar del norte de España, han unido sus fuerzas para poner en marcha un espacio común para familias y educadores.
Desarrollan su trabajo a través de Crianza&Familia Coaching y Contigo Desenredo respectivamente, además de trabajar directamente en talleres presenciales con familias y docentes en Asturias y Cantabria.
Reconociendo la necesidad de crear este tipo de espacios, el Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera apoya una iniciativa pionera en la zona norte de España, para la que han contado con profesionales reconocidos en su campo y que están implementando la educación alternativa en la escuela.Junto a la administración, que facilita el espacio físico y el apoyo técnico para el evento, todos los profesionales tanto del Congreso como los directores de talleres aportan su tiempo y trabajo con enorme disponibilidad. Y  diversas asociaciones de crianza y educación que se han implicado en este proyecto con generosidad.

Los datos del Congreso:

Fecha: 8 de Abril (Congreso) y 9 de Abril (talleres temáticos)

Lugar: Auditorio David Bustamente en San Vicente de la Barquera-Cantabria

Web: http://criarcuidaryeducar.com

Importante:
-está permitido asistir con bebés no deambulantes
-habrá servicio de guardería gratuito el sábado 8
-existe tarifa especial para grupos
-las entradas adquiridas antes del 20 de Marzo tienen un 20% de descuento
Es una evidencia que la evolución social, tecnológica y humana del siglo XXI reclama nuevas formas de transmitir el conocimiento y de acompañar a los niños y adolescentes.
Este Congreso es una ocasión única para unir naturaleza, crecimiento profesional, personal y familiar. Para conocer nuevos enfoques y reconocer la necesidad de educar y criar con la vista puesta en el siglo XXI y en dotar de los mejores recursos a nuestros niños y adolescentes.
Pilar Gómez

Ciencia

Ciencia

La mayoría de las personas, y sobre todo los niños, disfrutamos ante un experimento. Las ganas de aprender innatas que todos tenemos nos hacen buscar el cómo, el por qué y el para qué de las cosas. Así que, sea ciencia o magia, el hecho de que algo ocurra nos llama la atención.

Es importante que los niños, desde muy pequeños, experimenten. No lo digo yo, lo dicen los expertos. Así que, en condiciones normales, a un niño le gustará chupar, tocar, oler, ver, correr, saltar, trepar, jugar… y aprender cómo funcionan las cosas.

En ese proceso de aprendizaje es muy importante el acompañamiento respecto al descubrimiento científico. Primero, por seguridad y, segundo, para que aprenda a diferenciar ciencia y magia.

Años después de haber pasado por algunas aulas, donde trabajamos con niños mediante el descubrimiento, me cuentan que de lo que más se acuerdan es de cuando hicieron un volcán que echaba purpurina de colores y pompas, de el día que les llevé guantes, pinzas y mascarilla para “investigar”, cuando picaron piedra para encontrar huesos de dinosaurio o cuando descubrieron la cantidad de materiales distintos que utilizaban los pájaros para construir sus nidos.

Es una satisfacción muy grande saber que el esfuerzo que hacemos para que los niños comprendan cómo funciona el mundo, cómo debe ser la relación de respeto con su entorno y con el medio ambiente y las consecuencias de hacer las cosas de uno u otro modo tiene una repercusión positiva.

Por suerte, contamos con profesionales que se dedican a mostrar la ciencia a través del juego, para todas las edades, para familias, en colegios, en asociaciones… Personas implicadas en la formación con rigor y a la vez con esa capacidad de transmitir de forma divertida. Buscad ese tipo de expertos y empresas, programaciones, cursos, talleres o charlas que estén enfocados en este sentido. Participad.

Busquemos ese modo de aprender. Tenemos que mantener en los niños la llama de la curiosidad.

Queremos ayudar a descubrir ese mundo y vamos a regalaros tres ideas geniales para despertar su curiosidad y sus ganas de aprender. Estad atentos a este blog. La semana que viene publicaremos las propuestas.

El círculo de Lola.

 

 

 

¿Cómo enseñarles a dos hermanos a jugar entre ellos?

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Una pregunta planteada por una mamá hace poco refiriéndose a sus dos hijos de 3 y 1 año y medio, respectivamente.

En realidad, no les podemos enseñar esto directamente, ya que esto no se enseña como una lección y ya está.

Yo plantearía otra pregunta: ¿por qué queremos que dos niños tan pequeños aprendan a jugar entre ellos y compartan juguetes? Son todavía muy pequeños, no han desarrollado todavía sus habilidades sociales porque no han tenido ni tiempo, ni la experiencia vital necesaria.
Es decir, a estas edades lo normal es que los niños jueguen más con los padres o los adultos que los cuidan. No es que no puedan socializar entre ellos, pero les faltan las herramientas emocionales necesarias para que socialicen durante mucho tiempo y que lo hagan de forma provechosa y eficiente.

En realidad una actitud más positiva sería no tener expectativas demasiado altas en este sentido y procurar estar a su lado mientras juegan para intervenir si se cansan de estar juntos – sí, es normal a esta edad – y para calmar los espíritus. Recordar que la tolerancia de los bebés o niños pequeños al estrés es casi cero.

Pretender que niños tan pequeños sean ya autónomos en cuanto a la socialización – aunque sea con el hermano – es como querer que ya sepan conducir un coche.

No me canso de decir que los niños copian actitudes, comportamientos, reacciones/ respuestas emocionales de los adultos, y necesitan tiempo para integrarlas y, sobre todo, llegar a ser conscientes de cómo las han integrado.

La solución es intentar ser un buen ejemplo desde todos los puntos de vista sabiendo que nos copian en todo, dar lo mejor de nosotros mismos y exponer a nuestros hijos el mayor tiempo posible a la presencia de adultos igual de responsables y conscientes que nosotros, si es que no tenemos la posibilidad de estar nosotros con ellos siempre.  Y ya aprenderán a jugar y a compartir con los hermanos casi sin ningún otro esfuerzo por parte nuestra aparte de mostrar paciencia, calma y una actitud positiva en la medida de lo posible.

 

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Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Estimulemos la filosofía desde la infancia, por Eva Domingo

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Si estás leyendo este artículo, muy probablemente seas una persona comprometida con la crianza y la educación respetuosas. Quiero aprovechar esa circunstancia tan favorable para emplazarte a observar, respetar, amar, mimar y fomentar la faceta filosófica que tienen todas las niñas y niños que están en tu vida. ¡Todas y todos, sí!
¿Te has parado alguna vez a pensar que tienes en casa, o en tu aula si te dedicas a la docencia, a pequeños grandes filósofos que aún tienen intacta la curiosidad, esa preciosa herramienta que nos hace abrazar el conocimiento? Como buenos filósofos y aprendices de vida, no paran de darle vueltas a sus cabecitas, de preguntarnos y de cuestionárselo todo. A mí me tienen fascinada las preguntas tan puras, tan genuinas que cada día nos lanzan niñas y niños. Qué bonito hacer un listado para que no se nos olviden. Entre las miles que mis hijos me han hecho, tengo mis favoritas. Aquí va una pequeña muestra:

Están las preguntas ocurrentes al máximo, pero que encierran un interés, por ejemplo científico: “¿Cuánto tarda un virus en subir una montaña?”.

Otras nos devuelven nuestra imagen en el espejo y ponen el dedo en la llaga sobre temas incómodos para el adulto: “Mamá, si tanto quieres que yo aprenda inglés, ¿por qué no lo aprendes tú primero?” o “Si te da pena esa persona que no tiene para comprar comida, ¿por qué no la invitas a comer en casa?”.

Las hay que ponen de manifiesto el absurdo de las inercias y de los sistemas heredados y, de nuevo, la gran sensatez infantil: “¿Quién inventó la escuela y para qué?”. “¿Por qué estoy obligado a ir allí cada día?”

Y las trascendentales muestran la gran sabiduría encerrada en ese buscar más allá, fuera de nuestro alcance, que el ser humano porta en su interior desde su nacimiento: “¿Cuánto es infinito +1?”. “¿Por qué la naturaleza quiere que yo un día tenga que morir?”.

Qué personas tan sabias son las niñas y niños. Pensadoras incansables. Imaginativas. Lúcidas. Perspicaces. Insistentes. Positivas. Ilusionadas. Esperanzadas.

¿Qué hacemos con sus preguntas?

Ahora preguntémonos: ¿Qué hacemos con todas esas preguntas que nuestros niños nos regalan cada día? ¿Les restamos importancia y no las respondemos? ¿Las aparcamos para otro momento, que finalmente no suele llegar? ¿Nos avergonzamos si no sabemos contestarlas? ¿Les ofrecemos respuestas cerradas, sin información o con la más amplia información posible, pero siempre sin posibilidad de réplica u objeción?

Pensemos que hay otra manera de abordar esas preguntas infantiles. Démosles respuestas abiertas que vayan a llevar a niñas y niños a pensar por sí mismos, a investigar para encontrar sus propias respuestas, a seguir cultivando su curiosidad y su espíritu crítico.

Pongamos un ejemplo: nos pregunta qué le sucede a una persona después de morir. Por muy clara que nosotros tengamos nuestra creencia en este tema, seguro que es enriquecedor explicarle que ésa es una de las grandes preguntas que la humanidad se ha hecho a lo largo de milenios y que ciertamente no existe una respuesta probada. Y darle algunas pistas sobre las distintas creencias existentes al respecto. Cuando nos pregunte por lo que nosotros pensamos, podemos compartir con ellos nuestro punto de vista, pero sin presentarlo como Verdad. Y os animo a terminar, en éste y en todos los casos posibles, con un “¿y tú que opinas?”. O con un “¿por qué lo preguntas?”, “¿a ti qué se te ocurre?”.

Hay un gran regalo que podemos hacer a nuestros pequeños cuando acuden a nosotros con alguna cuestión: conseguir que se vayan con dos o tres nuevas preguntas en la cabeza. Multipliquemos su curiosidad. El filósofo griego Plutarco (Delfos, siglos I y II) afirmó que “el cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”. Facilitemos que prenda esa luz, que nuestras niñas y niños aprendan a desarrollar la herramienta fundamental de la razón y a reflexionar sobre su propia experiencia en relación al mundo y a sí mismos.

No olvidemos nunca que la filosofía es la base de todo conocimiento humano. Primero hay que preguntarse, para después obtener respuestas. Sin filosofía, no hay nada.

Fomentar la conversación, animar a los niños a mostrar sus puntos de vista y a razonarlos, son buenas formas de adentrarnos en la práctica filosófica en casa o en la escuela (en cuantas más asignaturas, mejor).

Materiales específicos

En todo caso, existen materiales, algunos creados específicamente para ello, en los que podemos apoyarnos las personas adultas para ir abriendo ese camino. Recientemente he descubierto un estupendo juego de filosofía visual para niños, de la colección Wonder Ponder. Está compuesto por coloridos y atractivos tarjetones. En una de las caras se presenta una situación a través de un dibujo; en la otra, una serie de interesantes preguntas sobre esa situación. Hace unos días, después de cenar, estrenamos la primera tarjeta en familia mientras comíamos el postre. El debate fue, en este caso, sobre la experimentación con animales. “¿Hay cosas que son crueles, pero sin embargo aceptables?”.

Hoy, en una acción de Toiletschooling, he dejado la misma tarjeta en el baño, para que los niños la sigan ojeando y sigan pensando. Este tipo de materiales podemos fácilmente crearlos en casa. Así como elegir lecturas interesantes (pensamientos o cuentos cortos de algún autor que tengamos en nuestra biblioteca, por ejemplo) que lanzar en algún momento en que reine el silencio y la tranquilidad en casa. No les demos nosotros la moraleja; dejemos que sean ellos quienes extraigan la enseñanza o las conclusiones que observen, y que las pongan en común con las personas de su alrededor. También podemos utilizar noticias curiosas o polémicas para abrir esa conversación.

Y hacer que, de vez en cuando, se encuentren preguntas sorprendentes en folios pegados en las paredes de casa o del aula. No hace falta que pensemos en grandes cosas. Nos sirve lo simple y cotidiano. “¿Por qué las rosquillas tienen un agujero en medio?”. Podemos invitar a los pequeños a escribir sus respuestas en ese mismo folio, cuando les apetezca, y, en otro momento, redactar nosotros una nueva pregunta, para ir guiando la reflexión. “¿Y qué es un agujero?”. Es probable que esa simple rosquilla, la misma que nos tomamos en el desayuno, nos conduzca finalmente a hablar de la nada, del universo, del infinito, de lo que existe y no existe… Recordemos: no les demos respuestas; démosles, sobre todo, nuevas preguntas.

Una escuela de libertad

La filosofía para niños está en auge en muchos países del mundo. La Unesco la ha definido como una escuela de libertad. Fomenta el pensamiento propio, el espíritu crítico, el debate respetuoso, la empatía hacia la persona con quien se conversa. La democracia real, en definitiva.

Existe una metodología bien definida para ser trabajada con grupos de niños y jóvenes entre los 3 y los 18 años, creada en los años 70 del siglo pasado por el filósofo e investigador en pedagogía Matthew Lipman, quien a su vez se inspiró en el trabajo de John Dewey. Lipman escribió una serie de novelas filosóficas (la primera de ellas, “El descubrimiento de Harry Stottlemeyer”) para trabajar el debate filosófico a distintas edades. Podéis consultar también, entre otros, los materiales del interesante Proyecto Noria, impulsado desde Cataluña.

Cuando hablamos de trabajar la filosofía en las aulas, no nos referimos a las clases tardías de Historia de la Filosofía que nuestros jóvenes reciben casi al final de su escolarización y que, desde mi punto de vista, son también fundamentales. Estamos hablando de permitir que sean ellas y ellos los filósofos, tal y como algunos centros escolares (los menos) ya promueven desde la más tierna infancia. Mientras esperamos que esa práctica tan beneficiosa se extienda, empecemos a dar pasos en nuestro entorno. En casa, en el aula. Seamos nosotros el cambio. Incorporemos este sano hábito a nuestra rutina. Y disfrutémoslo juntos. Tanto niños y jóvenes, como adultos, todas las personas somos aprendices de esta vida y la filosofía va a contribuir, seguro, a un aprendizaje significativo.

Eva Domingo

Periodista y formadora de Pedagogía Blanca

Claves para que vuestros hijos confíen en vosotros y en ellos mismos

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Las claves  para fomentar la confianza de nuestros hijos en nosotros y ellos mismos son muchas, pero hoy os voy a contar cuatro que me parecen importantes y que son muy sutiles a veces.

No traspasarle nuestros miedos

Los padres somos los últimos y máximos responsables del bienestar y la seguridad de nuestros hijos. Eso, unido al inmenso amor que sentimos por ellos puede disparar nuestras inseguridades y miedos, hasta el punto de excedernos en ellos, paralizar su desarrollo y no permitirles asumir sus propios riesgos.

Atención, con no traspasar nuestros miedos a los niños no quiero decir que debamos dejarles tomar todas las decisiones. De ninguna manera. Los niños no tienen la experiencia necesaria para valorar todos los peligros y riesgos, por lo que nuestro papel es el de contención, aliento y guía.

Sin embargo, en ocasiones, el miedo a que les pueda suceder algo malo o una experiencia negativa de nuestra propia vida puede convertirnos en malos gestores de las situaciones, traspasándoles inseguridades y, sobre todo, imponiéndoles temores excesivos o infundados.

Precaución y responsabilidad, por supuesto, pero nunca encerrar a los niños en jaulas de cristal dentro de las que no puedan también cometer sus propios errores siempre que estos no pongan en peligro su integridad física, moral o emocional.

No imponerles nuestros sueños no cumplidos

Los padres nunca debemos olvidar que nuestros hijos son personas independientes que tienen derecho a elegir sus propias vidas, sus pasiones y sueños. Nuestro papel es, de nuevo, de guía y protectores, pero nunca debemos imponerles el que se conviertan en la persona que nosotros no conseguimos ser.

Nuestro hijo no tiene que ser médico si no nosotros lo somos o lo quisimos ser y no pudimos. Ni en cantante, bailarín o actor. Tampoco tiene que practicar determinada disciplina o deporte porque a nosotros nos guste mucho. No vivas a través de ellos.

Merece ser él mismo y descubrir lo que le apasiona y le hace vibrar, lo que le hace querer buscar la excelencia personal y la superación. Merece ser feliz haciendo lo que ama.

Si tú quieres ser médico, aprender a cantar o jugar estupendamente al futbol, estás a tiempo, no le obligues a él a ser lo que no has sido. Déjale descubrir sus propios sueños y apóyale para que los haga realidad.

No criticar todo de sus amigos

Seguro que alguno de los amigos de tu hijo no te parece la mejor elección posible. Si hay un riesgo real, debes intervenir. Pero desde luego no debes nunca pasarte la vida criticando y sacándoles defectos a todos sus amigos, imponiéndole que solo se relacione con los niños que más nos gusten (o con los hijos de personas que nos gusten).

A medida que pasen los años tu hijo adquirirá mayor autonomía en sus elecciones en las relaciones personales y merece sentir que confías en él y en lo bueno que sus amigos le aportan. Es muy triste eso de que un hijo piense que sus padres lo consideran un idiota sin criterio y que le digan que sus amigos no merecen nunca la pena.

 

Busca lo bueno que hay en sus amistades, déjalo sentir tu apoyo, valora lo que le aportan, y así realmente confiará en ti si hay alguna situación en la que necesite consejo o ayuda.

No burlarnos de sus emociones

Los niños se van a acercar a nosotros cuando sientan emociones intensas: miedo, rabia, celos, alegría o nerviosismo por algún cambio o reto en sus vidas. Nunca debemos minimizar sus emociones y mucho menos burlarnos de ellas.

A veces ves a padres que, por razones equivocadas, quieren que sus hijos contengan los que sienten o sean más duros o serios de lo que un niño es. Eso les daña. Sienten que no tienen importancia para nosotros, que no son lo bastante válidos, que si confían en nosotros los dejaremos de lado. Es un error, especialmente grave si esas chanzas los ridiculizan en público, cuando más vulnerables se sienten.

Lo que los niños experimentan es tan importante para ellos como lo que experimentamos los adultos lo es para nosotros. Si queremos que los niños sepan identificar sus emociones, confíen en nosotros y desarrollen una buena autoestima jamás debemos reírnos de ellos y sus peores momentos.

Os aseguro que todos estos fallos que a veces comentemos los padres dejan huella y dificultan la relación que seguro deseáis construir con ellos toda la vida: confianza, respeto y deseo de compartir el tiempo juntos.

Mireia Long

 

Si necesitas ayuda para lograr todo esto, te estamos esperando en nuestro curso:

 

CRIANZA RESPETUOSA CON LA PEDAGOGÍA BLANCA

Claves para evitar los errores más habituales que cometemos los padres

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No me resisto a hacer un repaso por los errores que los padres, por desconocimiento, cometemos y que deberíamos ser capaces de evitar.
 
Yo estoy convencida de que la mayoría de los padres somos capaces de educar a nuestros hijos fomentando su autoestima, pero no siempre, nuestra propia educación nos ha dado loa conocimientos y experiencias necesarias para lograrlo. Os dejo hoy estos tres errores que creo que los padres deberíamos evitar y que no benefician en nada a nuestros amados hijos.
Pegar
 
Pegarle a los niños sigue siendo algo normalizado y defendido por muchos. Todavía muchos padres creen que, siempre que no den palizas, un tortazo o un azote pueden servir para conseguir que su hijo aprenda a obedecerles en situaciones peligrosas o molestas. Sin embargo el uso de la fuerza física es una agresión que, aunque sea leve o espaciada en el tiempo, causa en los niños sufrimiento emocional, además de ser algo prohibido por la ley.
 
Ya sé que un azote no es lo mismo que una paliza. Pero cuando se usa la agresión física es difícil mantener una línea de educación respetuosa, se enseña al niño que la violencia soluciona conflictos y les hace sentir indefensos.
 
Si el tema os interesa en la Pedagogía Blanca hemos dedicado muchos temas a la prevención de los azotes y a sus consecuencias.
 
Chantajear
 
Todos hemos sido chantajeados en alguna ocasión de niños y también, para lograr convencer al niño de que haga algo que creemos beneficioso para él o para cumplir las expectativas sociales, lo hemos hecho. Pero el chantaje es una forma de violencia emocional, en nada comparable a explicar razones y consecuencias, incluso peor que un castigo.
 
Cuando tratamos de forzar la voluntad de un niño diciéndole que si no lo hace es malo, o no lo querremos más, o irá al infierno estamos usando el chantaje emocional.
 
El chantaje emocional es una forma de manipulación muy poderosa en la cual las personas cercanas y afectivas nos amenazan, directa o indirectamente, con castigarnos de alguna manera si no hacemos lo que ellos quieran.
 
Nuestros hijos se van a equivocar e incluso van a hacer cosas realmente peligrosas e incorrectas. Pero nuestro amor y apoyo no es negociable, precisamente porque necesitan saber que los queremos a pesar de sus errores, para poder tener la seguridad de que van a superarlos.
 
Al usar el chantaje no estamos transmitiéndole la importancia de su cambio de comportamiento o la necesidad de que hagan algo, sino que estamos transmitiéndole una sensación de culpa e inseguridad en ellos mismos y en nuestro cariño que tiene consecuencias incluso a largo plazo.
 
Compararlos
 
Otro de los errores frecuentes que los padres cometen, creyendo, posiblemente, que eso hará que su hijo desee superarse, es usar las comparaciones entre ellos o con otros niños.
 
Ninguna persona es igual a otra. Cada niño es diferente. Tenemos derecho a ser reconocidos por lo que valemos y por lo que aportamos cada uno, por nuestras capacidades y avances, no por lo que hacemos “peor” que otro.
 
Nuestros hijos harán su propio camino, con nuestro apoyo, mejorando y siendo, además, únicos y maravillosos incluso si no son tan ordenados, callados, obedientes, estudiosos, abiertos o esforzados deportistas como otros.
 
Reflexionando sobre estos errores y poniendo un poco de atención seguro que logramos trabajarlos y mejorar nuestras habilidades como educadores y ofrecemos a los niños el ambiente de respeto en el lograrán desarrollar sus capacidades y ser personas resilientes.
 
Mireia Long.
Si quieres evitar estos y otros errores, te ayudaremos en nuestro curso

CRIANZA RESPETUOSA con LA PEDAGOGÍA BLANCA

El compromiso de convertirnos en padres

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La decisión de tener un hijo es la más importante que vamos a tomar en nuestra vida. Y aunque la hagamos muy conscientemente, me gustaría animaros a haceros dos preguntas realmente complicadas. Ser padres implica renuncias y compromisos que quizá no os habéis planteado tan seriamente como os propongo con estas dos preguntas que deberíais haceros antes de ser padres. Hacedlo. Y os aseguro que llegaréis al momento de ser padre o madre con una seguridad enorme.

¿Estas preparados a renunciar a muchas cosas?

Esta decisión de ser padres va a cambiar completamente nuestra forma de ver el mundo y nos hará reconsiderar todas nuestras prioridades. Ya no importa más que nada lo que amamos o lo que creemos, sino que va a existir un ser humano que será, a partir de ahora, mucho más importante que nosotros mismos y cuyo bienestar va a estar siempre antes que el nuestro. Y eso hará que tengáis que renunciar a otras cosas. ¿Estáis dispuestos?

Muchas de las cosas que nos gustan van a quedar aparcadas o, desde luego, vamos a poder dedicarles mucho menos tiempo. No me refiero solo a que habrá que renunciar a caprichos como gastar en unas botas, un fin de semana en un hotelito o una crema o un libro caros porque los recursos los usaremos en el niño. También tendremos que dejar de salir por la noche, de beber demasiado alcohol en ocasiones espaciales, de permitirnos pasar una noche en blanco por estar con los amigos.  La realidad es que hay muchas renuncias que os esperan.

Posiblemente las partidas de cartas, el futbol del domingo, las salidas, los maratones de series o el leer horas y horas un libro fascinante son cosas para las que ya no podremos tener tiempo, o desde luego no tanto tiempo como antes. Si pretendéis, sin decirlo, seguir haciendo eso y que sea vuestra pareja o los abuelos los que lleven el peso de la permanencia al lado de vuestro hijo es mejor que seáis sinceros con vosotros mismos y con los demás. Si quieres ser padre o madre pero que otro cuide a tu hijo para tu hacer la vida de antes algo va a fallar. Algo va a fallar, os lo aseguro. Fallará.

Criar un hijo exige mucho tiempo, muchas noches sin dormir, muchas preocupaciones, mucho trabajo y mucha atención. Si no estás al cien por cien estás fallando al niño y a los que te rodean. Tu hijo sentirá desde el primer momento la calidad de tu compromiso con él. No basta que sea lo que más amas en el mundo y que se lo digas, que es indispensable pero no suficiente, todo esto tendrás que demostrarlo. Si le fallas, él lo sabrá.

Si alguien os dice que nada de eso cambiará os miente o dedica muy poco tiempo a estar con sus hijos. A  algunas actividades podremos ir con los niños pero no a todas y tendremos también que valorar si a nuestro hijo, eso que a nosotros nos parece tan entretenido, le interesa. Prepárate para ver dibujos animados, leer cuentos, jugar a las construcciones o ir a pasear por el campo tranquilamente y cargado de todo lo que el niño necesita para su confort.

Se pondrá malito, porque todos los niños se ponen malitos. Y os aseguro que si vuestro hijo tiene fiebre o vomita, cosa que los primeros años pasa bastante, hay que anular los planes, así sea la boda de vuestro mejor amigo o una comilona campestre con todos vuestros primos. El niño está primero y dejarlo con otras personas no siempre es posible ni es bueno para el niño, que os necesita a su lado. No siempre habrá que renunciar a todo, pero la felicidad de vuestro hijo será lo más importante ahora. Vas a renunciar a muchas cosas por tu hijo.

¿Estáis preparados para el compromiso?

Vuestro hijo será la persona que más os importe. Para su bienestar os esforzaréis, lucharéis, trabajaréis más que nunca para poder darle el mayor bienestar en todos los sentidos, tanto emocional como económico. El dinero que sobre de la vida diaria lo ahorraréis e invertiréis en regalos, juguetes, libros, clases, deportes, vacaciones y estudios. ¿Estáis realmente preparados para ese compromiso?

A medida que pasen los años, aunque creáis que la dedicación disminuye y en cierto modo el niño sea más autónomo, sus necesidades de vosotros y sus necesidades de desarrollo personal aumentarán. Vuestro compromiso con vuestro hijo no disminuirá, porque sois los garantes de su bienestar y el instrumento del destino para que puedan llegar a la vida adulta preparados para ser personas libres, autónomas y con todas las herramientas para hacer sus sueños reales.

Vuestro compromiso debe ser auténtico y llevarlo a la práctica. ¿Cuántas horas has dedicado a tus estudios, tu pareja o tus hobbies? Ahora ese tiempo y esa energía deberás dedicarla, prioritariamente, a tu hijo. Prepárate para él. Aprende. No te dejes guiar por cualquier consejo o costumbre sobre su cuidado. No te quedes en la superficie. No delegues sin investigar bien su salud, su alimentación o su educación en otros. No permitas que ninguna institución médica o educativa decida por ti, la responsabilidad última será tuya y hay muchas cosas en las que vas a tener voz y voto.

Tienes que ser mejor persona. Todos podemos ser mejores personas. No es que eso vaya a cambiar por traer un hijo al mundo, por mucho que nos ayude el amor infinito. Todos cargamos mochilas de malos hábitos. Los niños agotan y además, la responsabilidad pesa. Vamos a vernos sometidos a presiones. Y podemos perder los nervios y repetir cosas que nuestros padres hacían con nosotros que nos dañaron de niños.

Es hora de trabajar a fondo nuestro interior para ser buenos padres, enfrentarnos con nuestros fantasmas, cambiar las actitudes, ser más tolerantes, más pacientes, más controlados. Si sentimos que perdemos el control bajo presión y gritamos o nos dan ganas de pegar a alguien hay que solucionarlo antes de que nuestro hijo lo pague. Os aseguro que se puede mejorar menormente la forma en la que nos relacionamos si nos ponemos en serio a ello.

Tu compromiso es material también. Planifica e infórmate sobre las opciones para su cuidado, lo que vayas a hacer si ambos trabajáis fuera de casa, el lugar y los profesionales que atenderán su nacimiento, la preparación y formación en lactancia y puerperio, las bases para un buen desarrollo emocional y educativo, su salud.

Y además, planifica tu economía, los cambios que vayas a hacer en casa, los horarios, quien se ocupará de las tareas del hogar. Todo lo que tengas bien organizado hará que la crianza sea más feliz para todos, y, aunque no podemos saber qué pasará mañana, siempre es bueno tener las cosas lo mejor pensadas y habladas posible.

Tendrás que dormir muy poco durante años, tendrás que respetar las necesidades de tu hijo sobre todo, tendrás que tratarlo como a ti te gusta que te traten pues de cómo lo trates dependerá su autoestima, su capacidad de ser feliz y sus posibilidades de tener una vida satisfactoria. No es tener un hijo, es convertiros en padres lo que os tiene que motivar, y ese trabajo es para toda la vida. Preguntaos la razón real por la que queréis ser padres. Y entonces, decidid.

¿Os parece muy difícil renunciar a tantas cosas y comprometeros hasta este punto? Pues es en parte difícil, en parte sencillo. Pero una cosa si os digo, compensa, compensa absoluta y tenazmente. Es la experiencia más maravillosa que vais a vivir jamás. Lo que recordaréis el último día de vuestra vida, lo que os haga sentir más felices y orgullosos, lo más grandioso que os espera.

Mireia Long

Si queréis ser los mejores padres para vuestro hijo os estamos esperando en nuestro curso:

CRIANZA RESPETUOSA CON LA PEDAGOGÍA BLANCA