Origen, fundamentos y bases científicas de la Pedagogía Blanca

Nos han llegado muchos mails preguntándonos sobre el origen de la Pedagogía Blanca y Mireia se ha conectado hoy para explicaros los fundamentos y bases de la Pedagogía Blanca. En este vídeo podrás averiguar como nació este método y como une nuestra experiencia como madres homeschoolers, profesionales de la Educación y como mujeres que han trabajado también en el mundo de la empresa y la comunicación. Todo eso lo unimos en la Pedagogía Blanca y le añadimos las investigaciones punteras en neuroaprendizaje y etología, enfocadas en las habilidades y recursos del SXXI.

Puedes verlo ahora aqui:

La normalización del acoso escolar

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El acoso escolar, del que estamos hablando esta semana, es una situación real. Quizá nosotros mismos lo hemos sufrido de niños, pero hemos terminado negando su gravedad o asumiéndolo como normal. Como víctimas, agresores, participantes u observadores ha podido ser algo que hemos tenido en nuestra experiencia vital y que deseamos evitar que le llegue a suceder a nuestros hijos.

 

Una de las cuestiones que menos se suele entender es que el acoso y la violencia escolar involucra a todos los que la observan, no solamente a la víctima y sus agresores. Los otros niños lo suelen saber antes que los adultos, pero no tienen herramientas para actuar.

 

Vamos a hablar de ellos, de los observadores, y os vamos a ofrecer algunos consejos para que podáis, más adelante, aplicarlos a vuestros hijos, hablándoles de este problema y explicándoles cómo actuar si detectan que un compañero es una víctima.

 

¿Qué no es acoso escolar?

 

Los niños se pelean a veces. No es que debamos aceptar la agresividad como fórmula de relación, pero debemos entender que no todas las peleas son signos de acoso escolar. Incluso puede que se quieran hacer daño en medio de una pelea niños que habían sido amigos y que pueden llegar a serlo de nuevo.

 

Tampoco es que el más débil o el que pierde la pelea esté siendo acosado, aunque sin duda hay que intervenir. Un insulto, una burla, una pelea aislada no son tolerables, hay que actuar, pero no son acoso.

 

No, no se trata de eso. El acoso es una situación reiterada en el tiempo, que se manifiesta en diferentes formas de maltrato, en el que la víctima es o termina en una condición de inferioridad en la que los agresores se cebarán para mantener las acciones de hostigamiento.

 

Hay situaciones muy graves que tampoco debemos considerar acoso, y son las que se refieren a actos delictivos como las agresiones sexuales, el uso de armas, las amenazas de muerte o aquellas agresiones que ponen en riesgo la integridad de la víctima o su vida. En esos casos ya no hablamos de acoso, son delitos y, además de hablar con el centro escolar, hay que denunciar.

¿Cómo actuar ante el maltrato escolar?

 

Cuando nosotros, en nuestra infancia, fuimos espectadores de violencia escolar quizá no supimos que hacer. No existía, posiblemente, la misma conciencia sobre la gravedad del problema y nadie entendía lo serio que era. Pero ahora las cosas han cambiado y nuestros hijos pueden ayudar a las víctimas, reconociendo el problema y dando aviso a los adultos que pueden hacer algo.

 

Cuando observamos, y ya me refiero en cualquier circunstancia, un abuso o un acto de violencia, puede que temamos actuar por miedo a las consecuencias, a ser nosotros mismos las próximas víctimas. A los niños les pasa lo mismo.

 

Pero no hacer nada es convertirnos en cómplices y estaremos dando nuestra aprobación al maltrato. Hoy denunciaríamos a un vecino que pega a su mujer, a unos padres que agreden a sus hijos o actuaríamos si viéramos un delito, avisando a las autoridades si no somos capaces de evitarlo directamente. Lo mismo pasa con el acoso escolar.

 

Cuando el niño vea un comportamiento de acoso escolar debe saber que no hay que ponerse del lado de los agresores, no participando ni tampoco riéndoles la gracia. Más bien deben intentar acercarse al niño que sufre y hablar con él, para que les explique como se siente y pueden animarlo a pedir ayuda a sus padres o profesores directamente.

 

Pongamos un ejemplo muy típico: la niña gordita a la que un par de compañeras le hacen comentarios humillantes. Si las otras tres o cuatro amiguitas les recriminan su actitud y se acercan a la niña despreciada, pueden hacer mucho para evitar que las burlas y el aislamiento se enquisten la relación. Sin embargo, si perciben que no la niña sigue siendo acosada y la situación empeora, haciéndose el grupo acosador más fuerte, deben saber que lo correcto es acudir a un adulto.

 

Los niños como observadores del acoso escolar

 

Si el acoso ya está establecido enfrentarse directamente a un grupo de agresores puede no ser lo más sabio. Lo que hay que hacer es hablar con los propios padres, contándoles la situación o acudiendo a un profesor de confianza y pidiendo al tutor que organice debates o tome las acciones pertinentes para ayudar a la víctima.

 

Por supuesto, si la situación es muy seria y la víctima está en riesgo, el niño debe saber que tiene que acudir inmediatamente a un adulto responsable. Muchos colegios tienen programas de actuación para estos casos, pero es necesario avisar cuando se conocen para que puedan ponerse en marcha. La responsabilidad es de todos.

 

Sin embargo, si ante un proceso de violencia escolar, los agresores se sienten sin respaldo del grupo, especialmente con los niños más pequeños, se puede reconducir su comportamiento. Los propios niños, si rechazan esas acciones y no se mantienen al margen cuando un niño es aislado o maltratado por otros, pueden parar el proceso.

 

Enseñando a nuestros hijos que no es gracioso burlarse de otros o dañarlos, les ayudamos a tomar la actitud correcta ante los primeros síntomas.

 

Eso no es chivarse, es actuar con justicia. El silencio es lo que agrava el acoso. El niño debe saber que no estará solo y que los adultos van a ayudarle y a creerlo, que puede acudir a ellos a contar lo que está pasando.

 

La mayoría de los casos se van a resolver positivamente si habla pronto de ello y nuestros hijos, conscientes de que no se debe tolerar el maltrato, se convertirán ya no en cómplices activos o pasivos, ni en observadores de la violencia, sino en el apoyo que el sistema necesita para darle la vuelta al acoso escolar.

 

Mireia Long

Previene el acoso escolar con tus hijos

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Hemos visto como se manifiesta el acoso escolar: golpes, aislamiento, burlas, humillaciones y amenazas y también os hemos ofrecido algunos consejos para poder detectarlo.

 

Sin embargo, la prevención es un punto clave a la hora de afrontar este problema escolar y precisamente es donde los padres más podemos hacer, tanto ayudando a nuestros hijos a no convertirse en víctimas como poniendo las bases educativas para nunca sean ellos mismos agresores u observadores pasivos de la violencia escolar.

 

Podemos ayudar a nuestros hijos a no convertirse en víctimas

 

El primer paso para ayudar a nuestros hijos a no convertirse en víctimas, que podemos construir desde su nacimiento, es reforzar su autoestima. Hacerles saber de palabra y obra que nadie, nadie, tiene derecho a humillarlos, pegarles o atacarlos emocionalmente, y por supuesto, no hacerlo tampoco nosotros.

 

Estar presentes en su inicio en la vida social y siempre estar atentos para ayudarles a solucionar conflictos desde el diálogo o intervenir si alguien les acosa o hace daño. Si nuestros hijos confían en ellos mismos y en nosotros podrán tener herramientas para detectar conductas inadecuadas hacia ellos y contárnoslas inmediatamente.

 

Debemos enseñar a nuestro hijo a decir NO cuando algo que le hagan no le guste, a no seguir a “la manada” si hacen algo que considera incorrecto, a acudir a un adulto para pedirle ayuda si es molestado y a poner límites claros a los demás si se siente agredido por palabras u obras. Esto empieza en la educación en el hogar y en la relación con sus padres y familiares.

 

Nadie debe considerarse con derecho a tratar a un niño con burlas, amenazas, collejas o insultos. Ni sus padres ni ningún adulto o niño de su entorno. Nosotros, los padres, obviamente no debemos hacerlo, por pura ética, pero también para que nuestro hijo no asuma como normales los patrones de violencia y victimización.

 

Cuando comience la escuela deberemos tener una comunicación cercana con el niño, conocer a sus amigos y ayudarle a que nos cuente sus sentimientos y vivencias. También, por supuesto, hablar mucho con sus maestros, para comunicarles cualquier problema y ayudarles a que intervengan.

 

Podemos ayudar a nuestros hijos para que no se conviertan en acosadores

 

Seguro que ninguno pensamos que nuestros pequeños pueden llegar a acosar a otro niño, sin embargo, siempre es conveniente poner las bases educativas para evitar que llegue a ser un acosador. La clave, la educación emocional desde la primera infancia.

 

Desde pequeñito el papel de los padres es enseñarle que las actitudes de violencia, las burlas, golpes y humillaciones son intolerables. Desde el hogar y cuando comience la guardería o la escuela infantil los padres debemos explicar firmemente que no se puede pegar a nadie ni insultar o herir los sentimientos de otro.

 

Los niños más pequeños pueden tener dificultades para canalizar sus sentimientos negativos de miedo, rabia o sobrecarga emocional. Los padres, de nuevo, debemos enseñarles a expresar su malestar con palabras, explicando cómo se sienten, no mediante la agresividad, sino con asertividad.

 

Cuando nuestro hijo sea muy activo y tenga tanta energía que termine dejándola salir con actitudes violentas, podemos ofrecerle actividades que le ayuden a descargarla y canalizarla, como los juegos activos y los deportes.

 

Trabajar la empatía de forma activa, proponiéndole al niño que se ponga en el lugar del que sufre una agresión y conectando con los sentimientos del otro, reconociendo su sufrimiento, hará que el pequeño aprenda a entender que sus acciones, que son de defensa o desbordamiento, pueden hacer daño a otro.

 

Siendo conscientes de que el otro sufre y sintiendo empatía por el indefenso y por la víctima, pondremos las bases para que, en el futuro, no desee dañar al otro y sepa reconocer la importancia de sus sentimientos, algo que los acosadores suelen bloquear y minimizar.

 

No usar el desprecio, la burla, la humillación y la violencia nosotros mismos, ni hacia los niños ni hacia nadie de nuestro entorno, estamos educando con el ejemplo, algo indispensable para que podamos ayudar a nuestros hijos a prevenir el acoso escolar.

 

Mireia Long

Herramientas para detectar el acoso escolar

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Hablábamos ayer sobre el acoso escolar y espero haberos ofrecido suficiente información para entender lo complejo que es este problema. Sin embargo, la detección, y sobre todo, la detección temprana, es clave para solucionarlo. Veremos en este tema las formas que tenemos los padres de detectar el acoso escolar.

 

Prevenir, detectar y detener el acoso cuanto antes es fundamental para evitar el desarrollo de secuelas y evitan que la situación se haga crónica.

 

Los padres pueden detectar el acoso

 

El papel de los padres es fundamental para detectar el acoso, estando atentos a los cambios en la conducta del niño y brindándole apoyo en cuanto sufra algún tipo de acoso, nunca minimizándolo, ni diciéndole que se haga más duro ni contándole que eso siempre ha pasado.

 

Para detectar el acoso podemos estar atentos a los cambios en la conducta del niño: que se muestre más irritable, violento o tenga rabietas, que presente síntomas psicosomáticos como dolores de estómago o de cabeza sin causa médica real, que se resista a ir al colegio, tenga verdadero miedo a volver tras las vacaciones o que nunca quiera hablar sobre su vida escolar, que tenga un bajón repentino en su rendimiento.

 

El que deje de querer ir a las excursiones o dejen de invitarlo a las fiestas de cumpleaños son otros signos que debemos tener en cuenta.

 

Puede suceder también que, repentinamente, empiece perder o a aparecer con sus pertenencias escolares o personales rotas. Pongamos atención si habitualmente las gafas, la mochila, el estuche o el abrigo desaparecen sin explicación o llegan deteriorados.

 

Si la escuela reacciona positivamente el problema puede solucionarse, pero también nos podemos encontrar con una negación institucional de la violencia si no hay graves signos externos, por lo que el niño acosado vería negado su problema y sin salida posible.

 

Cuando nos enfrentamos a este problema hay que trabajar contra comentarios que suelen incorporar frases como “es sólo un caso aislado” o “si solamente ha sido una broma”, o el más peligroso “son cosas de niños”.

 

Tampoco es aceptable que se pidan informes con datos de daños clínicos en la víctima como criterio para diagnosticar la existencia de un cuadro de acoso escolar, pues el acoso, por naturaleza, no es solamente un problema de agresiones físicas, sino un cuadro mucho más complejo y con un desarrollo en el tiempo que hay que parar cuanto antes.

 

Los profesores también pueden detectar el acoso escolar

 

Los maestros y profesores también pueden detectar el acoso escolar en los centros simplemente estando atentos a algunos signos y decidiendo entender que este tipo de violencia es algo real, complejo pero que con seguridad está sucediendo en su entorno.

 

No son cosas de niños. Empezando por ahí.

 

Las peores formas de acoso escolar van a suceder cuando el profesor no está presente directamente: en los baños, los patios, los pasillos, vestuarios, salidas de clase y en el comedor. Sin embargo, siempre hay un maestro cerca que puede detectar los signos.

 

Observando a los niños fuera de aula y su dinámica de grupo, los niños que queden aislados, las pintadas en el baño, los cambios de comportamiento o rendimiento escolar, los rumores que lleguen a sus oídos, la forma en que se tratan, todo puede darnos señales.

 

Un niño que manifiesta tristeza, miedos o dolores inexplicables, que falte a las actividades o descubramos que nunca es invitado a fiestas o salidas podría tener un problema de violencia escolar.

 

El que en clase se burlen de él habitualmente o se rían cuando interviene, el que deje de participar activamente o se quede sin compañeros en las actividades de grupo puede también estar siendo víctima de acoso escolar.

 

Si aparece con golpes y da explicaciones vagas, siempre hay que investigar que sucede, pues, puede haber una situación de violencia, sea escolar o en otros ámbitos.

 

La escasa o nula sociabilidad con los compañeros también son signos a los que hay que atender. No se trata de los niños tímidos o de los que sean más exquisitos a la hora de seleccionar sus amigos, pero sí de los que son apartados del grupo o se autoexcluyen de todo.

 

Muchas veces simplemente hay que saber mirar para ver. Los niños que son diferentes o se comportan de forma diferente necesitan especial atención, pero sin dejar de observar a todos y teniendo en cuenta que, si hay una situación de acoso, cuanto antes se intervenga menores serán las secuelas y que, además de la víctima, los observadores y los agresores también van a necesitar ayuda para reconducir su comportamiento.

 

Con estos consejos os damos una orientación general para poder detectar el acoso escolar tanto padres como maestros y seguiremos ofreciendo recursos sobre este preocupante tema al que puede que se tengan que enfrentar nuestros hijos en algún momento de su vida escolar.

 

Mireia Long

No son cosas de niños. Destripando el acoso escolar

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He estado releyendo recientemente el Informe Cisneros sobre Acoso y Violencia Escolar y creo que merece la pena recuperar sus conclusiones y preparar a los padres para esta situación a la que sus hijos pueden tener que enfrentarse cuando pasen a Primaria.

Creo que los padres deben conocer bien este problema para evitarlo y solucionarlo lo antes posible si se produce, y, cuanto antes manejemos la información, mejor.

El Informe Cisneros indica que es en los primeros años de Primaria cuando las cifras de acoso escolar son mayores, llegando al 40% de los alumnos como víctimas en sentido amplio, pues se incluyen las burlas, el aislamiento y los motes despectivos, no solo, no nos equivoquemos, las palizas o humillaciones organizadas en grupo, que son los casos más graves, pero no los únicos que se consideran acoso.

Este estudio revela que un 23,2% de los niños españoles vive el acoso escolar a diario en cifras generales.

Además, un 53,7% de las víctimas de acoso escolar presenta síntomas de estrés postraumático, el 54,8% sufre depresión, el 53% tiene una imagen negativa de sí mismo.

Añade que también, la modalidad más frecuente de bullying es la que se refiere al bloqueo social (marginación, aislamiento), presente en el 30% de los casos. Le siguen el hostigamiento (21%), la manipulación (20%) y la coacción (17%), la exclusión social (16%), intimidación (14%), agresiones (13%) y amenazas (9%) completan la tabla.

¿Qué es el acoso escolar?

Quizá el mayor problema que supone el acoso escolar es la dificultad para detectarlo. Los adultos que rodean a la víctima pueden no darse cuenta o minimizarlo.

Y es que la violencia escolar no es solamente el que el niño reciba agresiones físicas por parte de uno o varios compañeros y que estas dejen signos evidentes. Normalmente esto, que puede o no llegar a suceder, es la culminación de un proceso de victimización muy complejo.

Comienza con agresiones e intimidaciones que el agredido deja sin una respuesta adecuada y que hacen que los agresores aumenten la intensidad del acoso. Puede comenzar con insultos, motes dañinos, hablar mal del niño y volver a otros compañeros en su contra sembrando rumores malintencionados sobre él.

Además, las amenazas para lograr que el niño haga algo que no desea, quitarle un objeto, o la misma merienda y hasta pedirle dinero son otras de las manifestaciones del acoso escolar. El objetivo es hacerle sentir miedo a las agresiones, a las burlas, a que se cuente algo negativo sobre él.

También, el acoso escolar, se puede manifestar con agresión física: darle collejas o ponerle la zancadilla, empujarle o robarle, esconderle o quitarle sus pertenencias.

La forma más sutil, pero igualmente daniña, de la violencia escolar, es el aislamiento. A la víctima no se le deja participar en juegos o en actividades sociales conjuntas, se le aisla, no se le habla y se le ignora activamente. Lo tratan como un apestado y eso hace que, incluso los que no participaban activamente en el acoso, también se alejen de él, por mantenerse en el grupo, por contagio o por temer ser ellos mismos víctimas.

Hay manifestaciones del acoso escolar que tienen tintes racistas y sexistas como son los motes o comentarios despectivos sobre la minoría étnica o cultural a la que pertenzca la víctima y, en el caso de niñas especialmente, realizar acciones de contenido sexual que las incomoden (como levantarles la falda, decirles groserías o colarse a mirarlas en el baño o cuando se cambian en el vestuario).

Especialmente terrible es el acoso sexual a niños y adolescentes homosexuales o con un comportamiento que no se considere la norma entre su género. A veces, el detonante es simplemente que un niño no juegue a juegos de “chicos”, tenga muñecas o se junte más con las niñas para que sea acosado por homosexual. En los adolescentes, la sospecha de la homosexualidad o su constatación pueden desencadenar una verdadera tortura en la que las agresiones verbales, físicas y sexuales se mantengan durante años.

Como hemos visto el acoso escolar es un fenómeno muy complejo, amplio y desgraciadamente, bastante extendido y desconocido. Para solucionarlo y evitar sus consecuencias más graves la detección temprana es la clave y en el próximo tema veremos algunas maneras en las que los padres podemos detectar sus manifestaciones y signos en los niños.

Mireia Long