Queridos profesores: ¿Entendéis la diferencia entre Esfuerzo y sufrimiento?

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Queridos profesores,

¿Entendéis la diferencia entre esfuerzo y sufrimiento?
Es una pregunta retórica, ya sé que la gran mayoría la tenéis clara y deseáis que vuestros alumnos se esfuercen para dar lo mejor de sí mismos y para desarrollar sus capacidades y talentos, pero cómo por desgracia algunos (remarco lo de algunos) se creen que “la letra con sangre entra” y que si no sufres y lo pasas mal es que no te esfuerzas he creído oportuno hacer la pregunta.

La verdad es que para no herir susceptibilidades debería empezar estas cartas con un “queridos profesores rancios” así sería más fácil que quienes no sois rancios no
os deis por aludidos, pero a saber, lo mismo es hasta peor y seríais capaces de creer que es que llamo rancios a todos. Yo a estas alturas de la película ya me espero cualquier cosa. De hecho algunos no sé como pueden enseñar algo a alguien a tenor de su estrechez mental y su falta de comprensión lectora y de la vida en general, pero como sigo confiando en que la mayoría sois personas estupendas y sensibles, aquí sigo, sin tirar la toalla, confiando en conectar con algunos de vosotros. De hecho me consta que muchos conectáis con lo que digo. Y sinceramente, el machaque que me hacen en redes los que no, me ayudan a tener claro la falta que hace que sigamos diciendo lo que pensamos aquellos que deseamos ver un cambio real en el sistema educativo. Cuantos más participemos en el diálogo social sobre qué educación deseamos: mejor. A ver si se acaba ya el monopolio rancio del sistema de la mano de unos cuantos, por desgracia los más carcas.

Bueno, voy al lío, que me pierdo.

Según el diccionario de la RAE estas son las definiciones para esfuerzo y para sufrimiento:

Esfuerzo:

De esforzar.

  1. m. Empleo enérgico de la fuerza física contra algún impulso o resistencia.
  1. m. Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para co
    nseguir algo venciendo dificultades.
  1. m. Ánimo, vigor, brío, valor.
  1. m. Empleo de elementos costosos en la consecución de algún fin.
  1. m. desus. auxilio (‖ ayuda, socorro).

Sufrimiento:

  1. m. Padecimiento, dolor, pena.
  2. m. Paciencia, conformidad, tolerancia con que se sufre algo.

A tenor de las definiciones que da la Academia de la Lengua es más que evidente que son dos conceptos que no necesariamente deben ir juntos.

Y ahora es cuando viene la sorpresa para algunos:

Puedes esforzarte mucho, dar lo mejor de ti, y hacerlo disfrutando, motivado, con ganas.

¿Qué? ¿Se ha desmayado alguno en la sala?

Así que no entiendo esa cultura del esfuerzo sufriente.

¿Cómo creéis que se sacan mejores resultados? ¿Sufriendo, maldiciendo eso que te obligan a hacer y deseando que pase el tiempo y el “trámite” obligado para poder empezar a hacer las cosas que te encantan? ¿Ó quizás disfrutando por que estás motivado, queriendo hacer más y aunque requiere mucho esfuerzo estás deseando sacar adelante ese objetivo? ¿Esfuerzo por obligación o con propósito?
Os aseguro que sé muy bien lo que es el esfuerzo, no solo durante mi larga etapa como estudiante, si no también como trabajadora. Soy autónoma, ahí queda dicho todo, no hay autónomo que no tenga que esforzarse muy duramente a diario para salir adelante, y os aseguro que lo hago motivada y con ganas, deseando sacar adelante mi proyecto cada día. Trabajando mucho, pero sin sufrir. ¿Acaso por eso trabajo menos? No, sencillamente disfruto más.

Y he podido ver lo que es el esfuerzo con propósito en muchos niños y jóvenes, muchos chicos que se esfuerzan por sus objetivos y sus sueños, que dan lo mejor de sí en los deportes, en la música, en escuelas y campeonatos de ajedrez, en mil cosas… Por que la mayoría cuando pueden dar lo mejor de sí sin tener que pasarlo mal forzosamente es en aquello que les encanta, y sí, seguro que hay días que lo pasan hasta mal, pero es algo puntual, no el leitmotiv diario como algunos pretenden que sea la vida académica de los chavales en el instituto.

Chicos que ensayan horas y horas su instrumento para poder acceder a centros de formación superior en los que hay pocas plazas, y necesitan trabajar muy duro para ello, chavales que entrenan horas y horas para dar lo mejor de sí mismos en torneos de tenis, campeonatos de atletismo, concursos de poesía… Pero lo hacen desde la motivación, no desde el asqueamiento, la obligación externa y el castigo. Esa es la diferencia fundamental.

La mayoría de gente que tiene éxito en su vida laboral trabaja mucho, se esfuerza muchísimo, pero no desde el sufrimiento y la apatía, si no desde las ganas, los objetivos personales, el establecimiento de sus propias metas y la motivación interna. Quizás eso es algo que podríamos trabajar más desde los institutos de forma que los chavales sí, se esfuercen, pero por ellos, por sus objetivos y metas, y no por que es obligatorio, y hay que sufrir. Nadie merece sufrir, menos adolescentes que están descubriendo su camino y opciones en la vida. La adolescencia es una etapa de revelaciones, hallazgos y oportunidades, hagamos que sea fructífera y valiosa, nuestros adolescentes lo merecen.

Azucena Caballero

Cómo socializar positivamente

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Últimamente he ido reflexionando sobre la socialización y, sobre todo, lo que llaman “socialización” en los colegios.

Socializar no es lo que nos enseñan.

Socializar es hablar, conversar, jugar, aprender, intercambiar ideas, interiorizar comportamientos. Esto se puede hacer – teóricamente, por lo menos – con cualquier persona de tu entorno inmediato. En realidad se suele hacer con las figuras de apego y, en general, con adultos. En la infancia, con los niños juegas y practicas quizá técnicas de negociación, conversación, comunicación o de otro tipo, pero son técnicas que has aprendido o has observado ya en tus relaciones con los adultos que te cuidan desde que naciste. Es imposible que este aprendizaje tenga lugar con otros niños de tu misma edad, entre otras cosas, porque ellos no saben mucho más que tú. Por lo tanto la socialización de verdad tiene lugar sólo en un pequeño porcentaje con niños mayores que tú; de resto, se desarrolla con los adultos que te cuidan, y suele ser diaria. Y esta misma socialización también se “practica”, si quieres, con los mismos adultos o con otros niños. La “práctica” sin embargo no es obligatorio que sea diaria. En realidad necesitamos muchos ratos de estar solos o con nuestra familia, nada más, períodos en los que nos podamos concentrar en lo que realmente nos interesa, o simplemente descansar y dejar sedimentar lo que ya hemos aprendido.

Realmente la socialización se refiere precisamente al proceso de la educación emocional del ser humano.

Es evidente que este proceso de aprendizaje emocional empieza desde que uno nace – o incluso antes, cuando un bebé no nacido se familiariza con las costumbres y las voces de su madre y sus familiares desde dentro del útero. Es un proceso inconsciente por parte del niño, por supuesto, por eso los padres debemos tener consciencia de lo que ocurre desde antes de decidir a tener hijos.

De hecho todos los mamíferos realizan su aprendizaje emocional y la socialización con sus progenitores y su familia directa – y la primera lección que aprenden es que sus padres les proporcionan todo lo necesario en cada momento: cariño, alimento, cobijo, cuidado, educación, protección… Más tarde las lecciones se diversifican, pero siempre tomando como base la familia y el hogar.

Uno de los mayores mitos que existen en este momento es que estar con niños de la misma edad significa socializar de verdad.

En este sentido una cosa es socializar desde una base afectiva y física conocida y a un ritmo elegido por el mismo implicado, y otra cosa es la imposición de un modelo masificado y poco respetuoso con las necesidades reales del niño: esto hace que la “socialización” propuesta y llevada a cabo en las escuelas sea bastante improductiva en la mayoría de los casos y hasta negativa en algunos. Imponer una interacción temprana de los niños con otros niños de la misma edad antes de que estén preparados para ello no ayuda a mejorar sus habilidades emocionales y sociales, como erróneamente creen algunos padres y “expertos”, sino que más bien puede tener el efecto contrario.

Somos mamíferos, incluso desde este punto de vista, nos gusta vivir en comunidades, pero teniendo nuestro espacio privado y la posibilidad de acceder al mismo cuando lo necesitamos, no cuando “se nos obliga o se nos permite” por parte de terceros.

Otro concepto importante y que tiene mucha relación con la socialización correcta es, en el mundo de los mamíferos, lo que se llama “el apego”. El concepto del apego, desarrollado por el psicólogo John Bowlby, se refiere al instinto que hace que los adultos cuiden de sus hijos de forma incondicional y sus hijos reciban este cuidado. Un apego exitoso temprano en la infancia es necesario para un desarrollo emocional adulto y una buena socialización. Bowlby afirma que “el apego es la tendencia de los humanos a formar fuertes vínculos afectivos con ciertas personas de su alrededor”. 

Somos seres gregarios y sobrevivimos gracias a convivir en comunidad, repito, pero damos prioridad a ciertas relaciones y vínculos, y es a través de estas relaciones importantes cómo desarrollamos nuestras percepciones sobre nosotros mismos y cómo socializamos y maduramos.

Como padres sería mucho más provechoso y positivo procurar socializar lo más posible con nuestros hijos, y, llevándolos junto a nosotros siempre que sea posible, exponerlos a nuevos entornos sociales, poco a poco y en función de su creciente capacidad socializadora – es la manera más natural y positiva de socializar y de aprender cómo vivir en una comunidad. 

Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Unschooling/ Trabajar por proyectos

Sigo con nuestra experiencia de educar en casa y explico por qué trabajamos por proyectos desde siempre.

En nuestro caso los niños empezaron a jugar y a trabajar por proyectos desde el principio de forma natural, no por disciplinas cómo se suele hacer en la escuela. Así que seguimos así, ya que vimos que nos iba bien a todos. Además, pasado cierto tiempo y comprobada la eficacia y los beneficios de esta manera de aprender, que además da mucha autonomía y estimula la creatividad de forma natural, no veíamos la necesidad de parcelar el conocimiento, ni siquiera nos pareció posible.

La vida fluye y sus distintas manifestaciones son interrelacionadas, imposible de separarlas. Por ello, estudiar y elaborar proyectos fue mucho más natural y eficaz para nosotros. Elegir un tema de libre elección y aprender varias nociones, habilidades y valores morales, incluso, desarrollando un material o soporte físico – el que sea, escrito, hablado, cantado, fotografiado, filmado, construido, cocinado – fue siempre nuestra manera de estudiar y aprender. Lo hermoso es que los padres también aprendemos junto a nuestros hijos en estos proyectos y a partir de las conversaciones/debates que se generan en estas ocasiones.

Además, estudiando a través de proyectos implica la ausencia total de deberes, ya que todo tiene lugar a la vez, con la consiguiente eficacia y ganancia de tiempo: mientras se estudia se hace; o mientras se hace se estudia y se aprende. Nosotros empleábamos mucho menos tiempo para las actividades académicas ya que, aparte de que la concentración mental de los niños estaba en el punto álgido justo cuando hacía falta – porque venían descansados y despejados, y muy motivados a estudiar – , el trabajo era muy eficiente y muy al objeto; nos concentrábamos en lo que queríamos hacer, nos preguntábamos, nos contestábamos, cambiábamos ideas y recursos, comparábamos, contrastábamos informaciones y sacábamos conclusiones. El proceso es tan natural, y tan eficaz a la vez, que en una hora o algo más, ya todo estaba encaminado de forma satisfactoria y nos podíamos luego dedicar a otras actividades igual de interesantes e importantes.

Y, ya que estamos, toco un tema que suele preocupar mucho a los padres: el curriculum. Me han preguntado en miles de ocasiones cómo he hecho yo para cubrir TODO lo que está en el curriculum oficial del sistema. Es que NO lo he hecho porque en realidad no hace falta. La idea es que al elegir otro sistema de enseñanza – la educación en casa en este caso – no es necesario que los currículos sean idénticos, ya que 1. está confeccionado a medida del educando y 2. se usan métodos distintos. De hecho sistemas de enseñanza distintos requieren metodologías, entornos y contenidos distintos. En realidad los contenidos del sistema oficial son demasiado teóricos y densos; no sólo lo decimos los padres, sino profesionales del mismo sistema oficial. He hablado con decenas de profesores que se quejan de que no tienen tiempo físico para “enseñar” todo lo que tienen en el programa escolar.

Los niños son son incapaces de absorber todo lo que se enseña porque el volumen de los contenidos es enorme, ni tienen capacidad de entenderlo por falta de madurez emocional e intelectual (aunque, en una situación ideal puedan asimilar todos los conceptos, cosa que no ocurre en realidad). Dicho esto, está claro que ni he querido tocar todas las asignaturas, ni todas las nociones previstas en el programa escolar. Con lo cual, ni en casa, ni en otro sistema innovador de enseñanza, no es necesario “enseñar” el curriculum oficial. Me gustaría que los padres reflexionen un poco acerca de ello. El mejor ejemplo es que en generaciones anteriores no hemos aprendido lo que se enseña hoy en día y, sin embargo, los adultos de hoy en día sabemos muchas cosas sin que las hayamos aprendido en la escuela; la educación básica se refiere a nociones básicas, no a contenidos elaborados, demasiado elaborados para la capacidad real de los niños.

Aparte, me parece muy importante estimular la inteligencia emocional y adquirir habilidades de comunicación, de autonomía de verdad (saber hacer una compra, cocinar, manipular dinero, permitirles a los niños que lo hagan cuando ellos se sienten preparados); estar estudiando horas y horas de contenidos académicos no ayuda a desarrollar las habilidades emocionales y de comunicación, sino más bien lo impide.

Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Imprimible gratis: 10 Ideas para un verano Pedagogía Blanca.

Deseamos que este verano sea especial y único para ti y tu familia.

Quizás no lo sepas, pero Mireia y yo somos ultra fans de la serie Phineas y Pherb, nos encanta como utilizan el verano para crear, aprender, hacer todo lo que desean y combinan la diversión con el aprendizaje de manera natural, así que nos encantaría que con tus niños pudieras disfrutar de actividades educativas pero divertidas, para que el verano sea inolvidable.

Hemos preparado un regalito para ti:

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Deseamos que te guste.
PS: el pdf te lo mandaremos a tu bandeja de messenger de FB.

Por qué decidí educar en casa

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Como siempre, mis publicaciones tienen como puntos de partida preguntas, acusaciones o comentarios que otros me hacen o me han hecho en relación a la opción educativa que elegimos nosotros. En algunos casos el tema se repite y enlaza con otras cuestiones. Así que estos días, a raíz de un post mío en FaceBook acerca del sistema educativo convencional – ¿cómo no? – he recordado que mucha gente me recriminó el no llevar a los niños al colegio, cada persona por motivos distintos: unos aducían que no “apoyo la escuela pública y que, si quiero un cambio, es mejor llevar a mis hijos al colegio para así lograr esta evolución del sistema”; otros me dijeron que les hago daño a mis niños, que están mejor en “colectividad y socializando”, que en casa los tengo bajo una campana de cristal, que no vendrán en contacto con personas de todo tipo, ni aprenderán a defenderse por sí mismos, ni sabrán cómo aprender o la autodisciplina, que serán unos monstruos asociales o unos tontos… en fin, cada afirmación más disparatada que otra, sobre todo teniendo en cuenta que están basadas en miedos personales y propios de la persona que la suelta, no en estudios científicos, en la evidencia o en cualquier otro método objetivo de medir.

Así que, ¿por qué en casa? ¿No apoyo la escuela pública? ¿No estoy de acuerdo con la socialización? ¿No quería que mis hijos fueran listos? ¿No quería que entrasen en contacto con la diversidad social, o tuviesen habilidades sociales o sepan estudiar y ser disciplinados? Sí, sí, sí, sí y sí.
Decidí a hacerlo en realidad antes de nacer ellos, aunque era algo subconsciente. Yo no lo había pasado bien en el sistema – donde mejor me encontré, sin embargo, fue en la facultad. Todo lo que fue “educación básica obligatoria” fue una tortura para mí, aguantable, pero tortura. Ni me desarrollé intelectualmente como intentan hacer creer, ni tuve éxito especial profesional o laboral, ni académico incluso. Y mi éxito personal es mérito mío, así que lo sacamos de la ecuación.
Vista la eficacia del sistema en mi caso, confieso que no tenía ningunas ganas de tener hijos al principio; y después de quedarme embarazada, ningunas ganas de entregarlos a un sistema que no ayuda en absoluto a una evolución positiva (en muchos casos), sino más bien a bloquear talentos, creatividad, alegría, curiosidad, ganas biológicas de aprender, y maneras de asimilar.

Motivos:

  1. Aprender mi idioma materno. Imposible hacerlo si gran parte del tiempo los niños se lo pasan en un colegio, ya que sabemos que cuánto más expuesto estés a un idioma, mejor y más rápido lo aprendes.
  2. Tener tiempo para disfrutar unos con otros como familia. Los niños salen de sus casa a las 7 u 8 de la mañana y muchas veces vuelven a las 6 o 7 de la tarde. No da tiempo para que estén con sus padres más de 2 o 3 horas diarias. Sinceramente no pensaba tener hijos para luego no tener tiempo de estar con ellos. Me apetecía pasar los días junto a ellos.
  3. Que mis hijos descansen lo suficientemente. Viendo los horarios locos que tienen las familias de mi alrededor, cómo llevan a los niños corriendo de un lado por otro, empezando desde tempranas horas por la mañana (7:00-8:00), y cómo los pequeños se quedan fuera de su casa horas y horas diariamente (hasta las 18:00 o más), pensé que no es esto lo que deseo para nosotros, ni para mis hijos, ni para mí como madre. Ni lo veo normal, ni sano. A veces los niños tienen unos horarios que son más largos que las peores jornadas laborables de los adultos. Estar fuera de casa cansa a cualquier ser humano, y más si es menor de edad.
  4. Educación personalizada, basada en sus talentos, intereses y necesidades. Sufrí lo indecible en la escuela y en el instituto por no poder seguir mis propios intereses y talentos. Lo estoy haciendo ahora de mayor, pero no es lo mismo, evidentemente. Aprender y practicar lo que realmente le gusta y hacerlo en un período adecuado debería ser el objetivo principal de la educación de cualquier niño. En la escuela más de la mitad del curriculum oficial ni interesa, ni es necesario. Además la manera de presentar los conocimientos es tan aburrida y densa que incluso temas o asignaturas interesantes se transforman en torturas para los niños… en realidad representan un problema hasta para los adultos – es decir, los padres que intentan/deben ayudar a sus hijos con los deberes – ya que ni ellos entienden en la mayoría de los casos los contenidos de los libros. Me considero una adulta responsable y con comprensión lectora muy buena, sin embargo miro los temarios de los alumnos de primaria o secundaria y me quedo sin palabras cuando hojeo los libros de textos: a veces los encuentro incomprehensibles, a veces simplemente estúpidos, sin lógica.
  5. Permitir que sean cómo ellos quieren y se sienten, permitirles elegir qué desean aprender y hacer, permitir que desarrollen su personalidad, creatividad y pensamiento propio. El pensamiento propio contrariamente a lo que se cree no se forma tragando sin pensar informaciones obligatorias ofrecidas por los adultos de turno. No, el criterio propio, la lógica personal y la objetividad se obtienen a raíz de los debates entre el niño y los que le rodean; las conversaciones relajadas y expresar las opiniones propias – aunque sean muy distintas a las demás – representan el mejor entrenamiento para lograr tener pensamiento propio y para desarrollar una pauta de lógica coherente.
  6. Ofrecerles la posibilidad de llegar a la excelencia a su propio ritmo y deseo. Querer seguir indagando y explorando, o, por el contrario, necesitar descansar y meditar son procesos que deberían tener lugar a voluntad propia según las necesidades de cada uno.
  7. Ofrecerles libertad, por lo menos en cuanto a su educación, imagen propia y autoestima, y decisiones propias. Si los adultos podemos hacer esto, ¿cómo no se lo voy a ofrecer a mis hijos? Me parece sano y muchos más eficiente que los niños puedan experimentar con la libertad y el libre albedrío en este sentido.
  8. Por respetarlos como seres humanos. Ya sé que esto suena muy extremo, pero si los padres aceptan a sus hijos tal y como son, y no los persiguen o empujan a ser de otra forma, ni les obligan a estar en un sitio donde no desean o donde no se sienten bien y donde sus aspiraciones y sueños no tienen muchas oportunidades de cumplirse, esto es respeto hacia ellos. Yo sentí que mis padres y la sociedad en la que viví en mi infancia, en general, no me respetó como ser humano. Sé que mis padres no pudieron hacerlo de otra forma, y he perdonado hace tiempo el hecho de que me llevaran al colegio, porque podían ir a la cárcel si no lo hubiesen hecho… pero sentí que no me han respetado, y no quería bajo ningún concepto repetir la experiencia siendo yo madre y pudiendo hacerlo de otra forma.
  9. Porque quería que socializaran de forma sana y natural con las personas de su entorno. La idea básica es que socializar significa asimilar pautas de comportamiento – ¿qué mejor que la familia para ello? Los niños nacen de adultos, se crían con adultos y aprenden de los adultos de forma natural. Por lo tanto afirmo que es normal que socialicen sobre todo con adultos cariñosos, respetuosos y creativos. Jugar con otros niños es otro aspecto de la socialización, pero a ratos y de forma libre. Y esto es precisamente lo que nosotros, como padres, hemos propiciado para nuestros niños, creando un entorno seguro y adecuado para que socialicen con nosotros y los adultos y niños de nuestra “comunidad, es decir, de nuestro círculo personal o profesional de amigos y sus familias. O permitiendo su interacción directa con profesionales de otras disciplinas.
  10. Por sentirme más que capacitada para enseñar y educar a mis hijos. Sí, hay muchos amigos míos – algunos profesores – que me han comentado extrañados o con cierto desprecio: “¿Y cómo es que tú les has enseñado? ¿Estás preparada para ello? Tú no eres profesora, ¿cómo lo has logrado? Es que es dificilísimo”. Contesto aquí. Fue fácil, usé mi sentido común.
    Hay varios aspectos. Para el primero voy a plantear la siguiente cuestión: ¿cómo es posible que se les imponga a los niños aprender un curriculum que es dificilísimo para los adultos??? Es una contradicción terrible. Tenemos un curriculum oficial que es “dificilísimo” de enseñar por cualquier adulto que no sea profesor, pero sí que los niños lo asimilarán en seguida sin problemas. Y si es tan difícil para los adultos-padres, ¿cómo es que se les pretende colaborar en ello obligándoles a ayudar a sus hijos en los deberes resultados del mismo curriculum? Es más, si los padres han asimilado/ aprendido más o menos el mismo curriculum en su momento, ¿cómo es posible que no estén ahora, de repente, capacitados para enseñarles a sus propios hijos lo mismo?
    En cuanto al segundo aspecto otra pregunta: ¿por qué se piensa alguien que TODO lo que hay en el curriculum es necesario exactamente en la forma que se ofrece por el sistema? ¿Por qué no se acepta que hay otras maneras de presentar/enseñar los mismos conocimientos/informaciones de los libros de texto? ¿Y por qué se piensa que sólo el curriculum ofrecido es el único bueno para TODOS los niños?

Os dejo con estas preguntas. Mientras tanto mis hijos han crecido y estudian ahora en sendas facultades elegidas según sus intereses. No sólo que hacen frente a los retos de la educación superior, sino que están entre los mejores. Tengo claro que la educación en casa funciona y que no hace falta ser profesor, aunque sí es necesario tener ganas de aprender al lado de tus hijos, ser respetuoso con sus talentos y deseos, ser consciente y responsable, tener criterio propio, y ser flexible y creativo en los métodos que se usen, tener sentido común y práctico, y espíritu crítico.

Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Las 3 preguntas más curiosas que me han hecho sobre homeschooling

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Cuando educas en casa y más cuando llevas ya 14 años en ello con un niño a punto de convertirse en adulto, te han hecho muchas preguntas sobre el tema, pero muchas, muchas, muchas. Algunas te las hacen personas con interés, que incluso se están planteando ellas buscar una solución diferente a la escuela convencional para sus hijos, o que están interesados en conocer diferentes alternativas, etc, pero a veces la gente solo tiene curiosidad, vamos, como cualquiera que mira esos programas de tertulias de la tele, que un día te hablan de homeschooling, otro del lince ibérico y otro de la diabetes, todo puede ser interesante, te distraes y pasas un rato agradable… Pues eso, que en estos años me he encontrado de todo, personas muy diversas, y preguntas muy curiosas. Hoy os voy a compartir las tres preguntas que más poco meditadas me han parecido hasta ahora:

  • ¿Y cómo lo haces para hacer clase de gimnasia? Esta me dio risa, es de esas preguntas que ves que le sale a alguien sin pensar, como si para hacer ejercicio, estar sano, etc, tuvieras que hacer tablas de gimnasia sueca, sí o sí. La señora en cuanto empecé a hablarle de extraescolares, fútbol, tenis, pádel, y de montar en bicicleta, etc, enseguida vio que precisamente eso era lo que menos nos preocupaba y que más fácilmente se podía cubrir, hasta ella se rió de cómo ella sola se había limitado en algo tan evidentemente sencillo.
  • Pero… ¿No se va a volver el niño marciano? Claro, esa pregunta es ideal para cualquier madre…, muy sutil… Vamos que es la pregunta que yo le hago a cualquiera por la calle que no haga lo mismo que yo… ¿De verdad a alguien le puede parecer normal preguntarle eso a una madre? ¿Es que cree que la madre no ha meditado pros y contras de lo que está decidiendo? ¿Es que no ha conocido a ningún “marciano” por ahí que fuera al colegio en su infancia? Te dan ganas de contestar “marciano no sé, pero desde luego en la luna, como para hacer preguntas inoportunas a madres sobre sus hijos, no se va a quedar, no. ¿Tú fuiste al colegio desde muy pequeño?” Me sale la vena  borde, requeteborde…. En fin…
  • ¿Y no te importa que no vaya a tener amigos? Esta cómo veis es la guinda. “No, no solo no me importa, si no que estoy preparándole ya la mazmorra…” ¡¡¡Necesito emoticono!!! Cuando me sale la vena borde me dan ganas de soltar alguna frase de esas que te dejan cortadísimo, pero entiendo que solo son miradas autolimitantes, que esa persona no imagina ningún espacio de relación infantil o adolescente que no pase por un recinto escolar, y que solo tiene curiosidad porque no es capaz en ese momento de ver que para hacer amigos no has de ir a un sitio concreto y además de forma exclusiva y excluyente, si no que has de tener un talante abierto, con ganas de conectar con otros, y que hay multitud de espacios y momentos para la interacción social. Que se pueden hacer amigos en el parque, en la biblioteca, en la clase de cerámica o el taller de teatro, que tus primos también cuentan, que en muchos pueblos aún se sale a jugar a la calle, que hay entidades culturales y vecinales, que al final las amistades se crean por vínculos de afinidad y que esta se puede encontrar entre seres humanos en muy diversos ámbitos. Me hizo gracia que no preguntó cómo iba a conocer a otros niños, si no que daba por hecho que no iba  a tener amigos, pero solo son visiones y limitaciones de esa persona, que en nada tienen que ver conmigo o mi familia. La verdad es que te encuentras con gente divertida.

Hay muchas otras preguntas que me han hecho, algunas muy razonables, otras divertidas, otras interesantísimas, pero estas tres creo que se llevan el premio a “no pensé ni un segundo antes de lanzar mi pregunta”-

Espero que te hayan hecho sonreír.

¿Te han hecho a ti alguna vez preguntas poco afortunadas y poco meditadas sobre la crianza o la educación de tus hijos?

Azucena Caballero