El compromiso de convertirnos en padres

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La decisión de tener un hijo es la más importante que vamos a tomar en nuestra vida. Y aunque la hagamos muy conscientemente, me gustaría animaros a haceros dos preguntas realmente complicadas. Ser padres implica renuncias y compromisos que quizá no os habéis planteado tan seriamente como os propongo con estas dos preguntas que deberíais haceros antes de ser padres. Hacedlo. Y os aseguro que llegaréis al momento de ser padre o madre con una seguridad enorme.

¿Estas preparados a renunciar a muchas cosas?

Esta decisión de ser padres va a cambiar completamente nuestra forma de ver el mundo y nos hará reconsiderar todas nuestras prioridades. Ya no importa más que nada lo que amamos o lo que creemos, sino que va a existir un ser humano que será, a partir de ahora, mucho más importante que nosotros mismos y cuyo bienestar va a estar siempre antes que el nuestro. Y eso hará que tengáis que renunciar a otras cosas. ¿Estáis dispuestos?

Muchas de las cosas que nos gustan van a quedar aparcadas o, desde luego, vamos a poder dedicarles mucho menos tiempo. No me refiero solo a que habrá que renunciar a caprichos como gastar en unas botas, un fin de semana en un hotelito o una crema o un libro caros porque los recursos los usaremos en el niño. También tendremos que dejar de salir por la noche, de beber demasiado alcohol en ocasiones espaciales, de permitirnos pasar una noche en blanco por estar con los amigos.  La realidad es que hay muchas renuncias que os esperan.

Posiblemente las partidas de cartas, el futbol del domingo, las salidas, los maratones de series o el leer horas y horas un libro fascinante son cosas para las que ya no podremos tener tiempo, o desde luego no tanto tiempo como antes. Si pretendéis, sin decirlo, seguir haciendo eso y que sea vuestra pareja o los abuelos los que lleven el peso de la permanencia al lado de vuestro hijo es mejor que seáis sinceros con vosotros mismos y con los demás. Si quieres ser padre o madre pero que otro cuide a tu hijo para tu hacer la vida de antes algo va a fallar. Algo va a fallar, os lo aseguro. Fallará.

Criar un hijo exige mucho tiempo, muchas noches sin dormir, muchas preocupaciones, mucho trabajo y mucha atención. Si no estás al cien por cien estás fallando al niño y a los que te rodean. Tu hijo sentirá desde el primer momento la calidad de tu compromiso con él. No basta que sea lo que más amas en el mundo y que se lo digas, que es indispensable pero no suficiente, todo esto tendrás que demostrarlo. Si le fallas, él lo sabrá.

Si alguien os dice que nada de eso cambiará os miente o dedica muy poco tiempo a estar con sus hijos. A  algunas actividades podremos ir con los niños pero no a todas y tendremos también que valorar si a nuestro hijo, eso que a nosotros nos parece tan entretenido, le interesa. Prepárate para ver dibujos animados, leer cuentos, jugar a las construcciones o ir a pasear por el campo tranquilamente y cargado de todo lo que el niño necesita para su confort.

Se pondrá malito, porque todos los niños se ponen malitos. Y os aseguro que si vuestro hijo tiene fiebre o vomita, cosa que los primeros años pasa bastante, hay que anular los planes, así sea la boda de vuestro mejor amigo o una comilona campestre con todos vuestros primos. El niño está primero y dejarlo con otras personas no siempre es posible ni es bueno para el niño, que os necesita a su lado. No siempre habrá que renunciar a todo, pero la felicidad de vuestro hijo será lo más importante ahora. Vas a renunciar a muchas cosas por tu hijo.

¿Estáis preparados para el compromiso?

Vuestro hijo será la persona que más os importe. Para su bienestar os esforzaréis, lucharéis, trabajaréis más que nunca para poder darle el mayor bienestar en todos los sentidos, tanto emocional como económico. El dinero que sobre de la vida diaria lo ahorraréis e invertiréis en regalos, juguetes, libros, clases, deportes, vacaciones y estudios. ¿Estáis realmente preparados para ese compromiso?

A medida que pasen los años, aunque creáis que la dedicación disminuye y en cierto modo el niño sea más autónomo, sus necesidades de vosotros y sus necesidades de desarrollo personal aumentarán. Vuestro compromiso con vuestro hijo no disminuirá, porque sois los garantes de su bienestar y el instrumento del destino para que puedan llegar a la vida adulta preparados para ser personas libres, autónomas y con todas las herramientas para hacer sus sueños reales.

Vuestro compromiso debe ser auténtico y llevarlo a la práctica. ¿Cuántas horas has dedicado a tus estudios, tu pareja o tus hobbies? Ahora ese tiempo y esa energía deberás dedicarla, prioritariamente, a tu hijo. Prepárate para él. Aprende. No te dejes guiar por cualquier consejo o costumbre sobre su cuidado. No te quedes en la superficie. No delegues sin investigar bien su salud, su alimentación o su educación en otros. No permitas que ninguna institución médica o educativa decida por ti, la responsabilidad última será tuya y hay muchas cosas en las que vas a tener voz y voto.

Tienes que ser mejor persona. Todos podemos ser mejores personas. No es que eso vaya a cambiar por traer un hijo al mundo, por mucho que nos ayude el amor infinito. Todos cargamos mochilas de malos hábitos. Los niños agotan y además, la responsabilidad pesa. Vamos a vernos sometidos a presiones. Y podemos perder los nervios y repetir cosas que nuestros padres hacían con nosotros que nos dañaron de niños.

Es hora de trabajar a fondo nuestro interior para ser buenos padres, enfrentarnos con nuestros fantasmas, cambiar las actitudes, ser más tolerantes, más pacientes, más controlados. Si sentimos que perdemos el control bajo presión y gritamos o nos dan ganas de pegar a alguien hay que solucionarlo antes de que nuestro hijo lo pague. Os aseguro que se puede mejorar menormente la forma en la que nos relacionamos si nos ponemos en serio a ello.

Tu compromiso es material también. Planifica e infórmate sobre las opciones para su cuidado, lo que vayas a hacer si ambos trabajáis fuera de casa, el lugar y los profesionales que atenderán su nacimiento, la preparación y formación en lactancia y puerperio, las bases para un buen desarrollo emocional y educativo, su salud.

Y además, planifica tu economía, los cambios que vayas a hacer en casa, los horarios, quien se ocupará de las tareas del hogar. Todo lo que tengas bien organizado hará que la crianza sea más feliz para todos, y, aunque no podemos saber qué pasará mañana, siempre es bueno tener las cosas lo mejor pensadas y habladas posible.

Tendrás que dormir muy poco durante años, tendrás que respetar las necesidades de tu hijo sobre todo, tendrás que tratarlo como a ti te gusta que te traten pues de cómo lo trates dependerá su autoestima, su capacidad de ser feliz y sus posibilidades de tener una vida satisfactoria. No es tener un hijo, es convertiros en padres lo que os tiene que motivar, y ese trabajo es para toda la vida. Preguntaos la razón real por la que queréis ser padres. Y entonces, decidid.

¿Os parece muy difícil renunciar a tantas cosas y comprometeros hasta este punto? Pues es en parte difícil, en parte sencillo. Pero una cosa si os digo, compensa, compensa absoluta y tenazmente. Es la experiencia más maravillosa que vais a vivir jamás. Lo que recordaréis el último día de vuestra vida, lo que os haga sentir más felices y orgullosos, lo más grandioso que os espera.

Mireia Long

Si queréis ser los mejores padres para vuestro hijo os estamos esperando en nuestro curso:

CRIANZA RESPETUOSA CON LA PEDAGOGÍA BLANCA

Las claves para dejar de gritar con Crianza Respetuosa

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Los gritos son desagradables. Ninguno de nosotros deseamos que nos griten ni para darnos instrucciones ni para regañarnos si hemos hecho algo mal. Tampoco nos gusta que nuestros hijos griten. Pero, ¿porqué les gritamos nosotros.

A veces es inevitable perder el control y hasta, en ocasiones, el levantar la voz nos va a salir sin pensar, cuando el niño está poniéndose en riesgo. Pero en la mayor parte de las ocasiones gritamos simplemente porque nosotros, los adultos, estamos desbordados. No siempre la razón es realmente el niño, sino nuestro cansancio o nerviosismo. Pero para que un niño no grite tenemos que darle ejemplo y además, asustarlos no les enseña el comportamiento adecuado.

Educar a un niño sin gritar es posible. No son más amables ni se comportan con más respeto los niños a los que se les grita, más bien al contrario. Si les gritamos, aprenderán que gritar es correcto. Para educar sin gritos podemos usar algunas herramientas sencillas que nos van a ayudar mucho.

1.- Adelántate a los acontecimientos. Estar atentos a nuestros hijos, percibir que están agotados o nerviosos, nos ayuda a prevenir situaciones peligrosas o de desbordamiento emocional en ellos. Y nos permitirá acompañarlos y guiarlos antes de que se desencadene el peligro o la tensión en muchas ocasiones.

2.- Reconoce tus limitaciones. Los adultos también estamos a veces preocupados, nerviosos o cansados y eso hace que perdamos el control más facilmente. Como hemos conseguido no gritarle a otros adultos podemos hacerlo con nuestros hijos que igual merecen respeto y empatía. Si estamos al límite de las fuerzas físicas o emocionales podemos, si el niño ya tiene edad, confiárselo. Y desde luego debemos aprender a relajarnos y no descargar en ellos la frustración.

3.- Recuerda cuando eras niño. Si somos adultos propensos a gritarle a nuestros hijos seguramente es que cuando erámos pequeños también nos gritaban mucho a nosotros. Si eso es así trata de recordar como te sentías cuando tus padres te gritaban: asustado, triste y enfadado. Y al recordar esas sensaciones negativas seguro que te será mucho más facil querer que tu pequeño no se siienta así y buscar otras herramientas de comunicación más empática y relajada.

4.- Toma una decisión: no voy a gritar. Mientras excuses tus pérdidas de autocontrol te va a ser muy dificil dejar de gritar. Pero si decides, consciente y responsablemente como adulto educado que eres, que no usarás los gritos estarás listo para empezar el camino.

5.- Busca ayuda. Los adultos nos dedicamos a aprender y formarnos también, para nuestro trabajo, nuestras aficciones y para mejorar nuestras habilidades sociales y de comunicación. Nuestros hijos merecen que, ya que son lo más importante de nuestras vidas, que dediquemos tiempo a leer y descubrir la psicología positiva y la comunicación pacífica. Existen muchos cursos, libros y grupos de familias, y también profesionales que pueden ayudarnos.

Si yo he podido aprender a educar sin gritos, tu, si quieres, también vas a poder con nuestro curso:

 

CRIANZA RESPETUOSA CON LA PEDAGOGÍA BLANCA

Mireia Long

Escayolando.

Escayolando

Hoy voy a daros una idea para hacer con los niños.

Cuando yo era pequeña, una de las cosas que más me gustaban era ir con mi madre a una tienda que había en en centro de Madrid dedicada, exclusivamente, a la venta de figuras de escayola para pintar.

Había de todo: animales, escenas cotidianas, cuadros, figuras religiosas, muñecas y muñecos, pies de lámparas, etc… Era muy difícil escoger. Mi madre me compraba una o dos siempre que íbamos y yo estaba deseando que llegase el fin de semana para ponerme manos a la obra.

Recuerdo que, al principio, las pintaba con témperas. Mis primeras figuras eran muy sencillas: una muñequita, algún animalito y cuadros tipo bodegones. La verdad es que me encantaban pero no era muy diestra con la pintura, jejejejeje… Quedaban bastante planos.

Más tarde, y siguiendo los consejos de una enciclopedia de bellas artes que había en casa, me lancé a probar otras técnicas más complejas y conseguí cosas chulas. Me gustaba mucho, por ejemplo, el uso de betún de Judea para darle un acabado más rústico a mis creaciones.

Y así, descubrí todo un mundo con la escayola. Ahora, procuro hacer mis propios moldes y tallarla para conseguir determinados trabajos.

Os animo a mostrarles este mundo a los niños. Les puede despertar mucho la creatividad y es una manera muy económica de hacerlo.

Yo he comprado varios moldes de silicona, tipo bombones, madalenas, etc… Además, les saco partido porque también me sirven para hacer jabones con formas.

En almacenes de materiales o tiendas de pinturas podéis encontrar escayola. Haciendo la mezcla adecuada, vosotros o los mismos niños, según su edad, ponedla después en los moldes y dejar secar.

Para evitar burbujas, yo agito la mezcla, una vez que está en el molde, con un simple palito de brocheta.

Si las figuras son muy gruesas, tardarán algo más de tiempo. Un día o más. Si son más finas y hace mucho calor, tardarán menos.

Una vez secas, sólo queda desmoldarlas, repasar los bordes con un papel de lija fina o similar (a veces no es necesario) y decorarlas a nuestro gusto.

Algunas ideas:

  • Témperas
  • Pinturas acrílicas
  • Papel de seda y otros
  • Telas
  • Purpurina
  • Flores secas
  • Legumbres
  • Botones
  • Esmalte de uñas

El resultado de este sencillo trabajo son piezas para adornar nuestra propia casa, habitación, aula… o para regalar en cumpleaños u otras ocasiones.

Espero que os haya gustado y que os pongáis manos a la obra.

El círculo de Lola.

 

Las claves de las rabietas en Crianza Respetuosa

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Seguramente muchos lectores con hijos de dos años se verán reflejados en esto que os cuento. Voy a contaros cuatro claves sobre las rabietas. Vuestro dulce bebé, en torno a los dos años, comienza a tener rabietas y os sentís desbordados. Ha aprendido a decir no y se niega a cosas en las que no hay negociación ni es posible evitarlas: ponerse el cinturón del coche, abrigarse, comer lo que habéis preparado, ir al baño o acostarse cuando es preciso. Además se pone a llorar y gritar con disgustos que no comprendéis, a veces simplemente porque no habéis cortado el filete como quería.

Papás y mamás amorosas y decididas a no usar gritos ni azotes se ven sin herramientas para gestionar estas situaciones y se preguntan si estarán criando un niño sin límites que va a perderles el respeto. Están agotados. No entienden que sucede, porqué su hijo se empeña en no obedecer. Y pierden los nervios ellos mismos para luego sentirse culpables.

Primero yo les pediría que valoren muy bien si aquellas cosas en las que esperan obediencia son realmente indispensables en ese momento. A veces los adultos nos dejamos llevar por costumbres o rutinas que realmente al niño no le aportan nada. Nos obsesionaos con que coman de todo, a la hora de la comida, sentados y sin dejar nada en el plato. Nos empeñamos en que recojan sus juguetes solitos siendo pequeños, tengan paciencia en aburridísimas situaciones o se adapten a nuestro ritmo que no es el suyo. Hay maneras en las que podemos minimizarlas, pero incluso si hacemos bien esas tareas las rabietas van a producirse. Pero ¿qué son realmente las rabietas?

¿Qué es una rabieta?

Los niños son pura emoción. No debemos nunca olvidar que ellos no tienen un cerebro capaz del razonamiento adulto y que, además, no tienen la misma experiencia que nosotros para manejar las frustraciones.

Cuando eran bebés se comunicaban mediante el llanto. Ahora, a pesar de estar aprendiendo a hablar y comunicarse con nosotros de ese modo, cuando se ven envueltos en una emoción intensa, desasosegante o están agotados, sigue apareciendo el llanto como forma de comunicación.

En esta fase, además, están descubriéndose como un ser humano independiente capaz de tener su propia voluntad y ese ejercicio, que ensayan, les lleva a oponerse a algunas instrucciones sin que comprendamos ni nosotros ni ellos la razón. Aunque a veces si haya una razón cuando les pedimos algo que desorganiza sus necesidades básicas, en ocasiones sencillamente estar agotados, emocionalmente desbordados o con hambre o sueño, hará que pierdan el control. ¿Acaso no nos sucede a nosotros que somos experimentados adultos a veces también?

Las rabietas son una expresión de que son niños sanos psicológicamente y que están teniendo un desarrollo normal. Si las vemos así seguro que nos será más fácil no desorientarnos ni perder los nervios.

¿Hay que calmar una rabieta?

Pues depende. Si entendemos calmar una rabieta con reprimirla, prohibir al niño llorar, enfurecernos o negarle el derecho a expresarse, no, no debemos calmarla. Pero si entendemos que calmar una rabieta es acompañar al niño sin juzgarlo, sin enfadarnos, sin apartarnos abandonándolo, si, hay que calmarla, pero nunca con el objetivo de pararla, sino de que el pequeño se sienta arropado, querido y escuchado.

¿Es malo tener una rabieta?

Las emociones no son buenas ni malas, son, simplemente. Hay emociones que no son agradables: rabia, pena, frustración, ira, miedo, agotamiento. No debemos juzgar, ya que ellos tienen derecho a sentir y a expresar. Reprimir la emoción para no ser rechazados por nuestros padres puede provocar que el niño se sienta desvalido, incomprendido o piense que es malo. Y eso no es cierto. Las rabietas son normales.

Las rabietas a veces hacen que los niños se expresen de forma dañina o peligrosa para ellos, nosotros u otras personas, y solo en ese caso hay que intervenir con firmeza y tranquilidad, ayudándoles, poco a poco, a encontrar la expresión no violenta de su agresividad o rabia.

¿Qué hacer ante una rabieta?

Si la “crisis” está sucediendo es importante que sepamos tener una actitud correcta y que estemos tranquilos sobre lo que hay que hacer con la rabieta. No hay que realizar una gestión de control, ni tampoco una negación o rechazo del niño.

Hay niños que aceptarán nuestros abrazo contenedor pero otros preferirán que no los toquemos pues pueden sentir que eso les impide expresarse. Podemos siempre ponernos cerca de ellos, agachados a su altura, hablarles suavemente ofreciéndoles nuestro consuelo y ayudándoles a identificar y nombrar la emoción que sienten.

Sin embargo, cuando nuestro hijo expresa que está sufriendo, tendremos sencillamente que ponernos en su piel y tratarlos como a cualquier ser humano, ofreciendo consuelo y cariño sin juicios, lo que nosotros mismos desearíamos. Evitemos el “no pasa nada”, el “te pones muy feo cuando lloras”, el “pareces un bebé” y desde luego los “si no dejas de llorar esa señora va a pensar que eres idiota” o el terrorífico “mamá no te va a querer”.

Apartarnos del niño hasta que se le pase, dejándolo revolcándose en el suelo, es un error que transmite desprecio hacia él y que, en el fondo, no es más que una lucha de poder que queremos ganar a toda costa. Criar no es una batalla ni los niños quieren manipularnos, dominarnos o hacernos sus esclavos. Los niños quieren nuestro amor y contención y necesitan que seamos pacientes y respetuosos con ellos para crecer equilibrados.

Las rabietas de los niños pueden removernos muchísimo. Las emociones que sentimos son muy intensas y, quizá por eso, cometemos el error de querer reprimirlas y que cesen lo antes posible. El niño que llevamos dentro recupera el control y siente, a través de nuestro hijo, que él sufrió, y eso nos descompensa.

Luego además, tenemos demasiado presente el que otros vayan a juzgarnos mal, pero, si lo pensamos bien, la opinión que de verdad debería importarnos más que la de nadie es la de nuestro hijito y él lo que necesita es que lo acompañemos en este proceso. Y lo que piensen los demás, en el fondo, ¿de verdad nos importa algo si nuestro hijo se siente seguro de nuestro amor y respeto?

Espero que estas cuatro claves sobre las rabietas os ayuden a entenderlas mejor y a entender que son una expresión sana y normal de las emociones de los niños, acompañándolas con la empatía que nuestros hijos merecen.

Mireia Long

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CRIANZA RESPETUOSA CON LA PEDAGOGÍA BLANCA

Aprende a gestionar las rabietas con Crianza Respetuosa

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Hemos hablado en un artículo anterior sobre las causas de las rabietas. Entendiéndolas, será más sencillo gestionarlas.

Hacia los dos años y a veces hasta los cinco es normal que los niños tengan berrinches o que pasen por una etapa negativa en la que, a todo lo que les pedimos o les sugerimos, se nieguen vehementemente. Y, por supuesto, puede resultar desesperante.

Y lo es sobre todo si nosotros no estamos centrados y relajados para la crianza. Falta de tiempo, preocupaciones, jornadas agotadoras, inexistencia de una red de apoyo, desavenencias sobre la crianza con la pareja o los familiares, todo eso influye en nosotros y hace especialmente complicada esta etapa, que, por otro lado es normal y puede ser normal en diferentes versiones.

La etapa del NO y las rabietas no significa que estéis malcriando a vuestro hijo, ni que os esté retando.

Es una etapa normal en su desarrollo y su intensidad y duración dependerá de muchos factores, pero sobre todo de tres: el propio niño, el ambiente y vuestra forma de reaccionar.

El propio niño

No todos los niños son iguales, como no lo somos todos los adultos. Una de las circunstancias que más influye en la duración e intensidad de las rabietas es la maduración del niño, tanto emocional como cognitiva y lingüística. Un niño que entiende bien lo que le decimos, es capaz de empatizar con nosotros y comprendernos y puede expresarse bien tendrá menos posibilidades de caer en rabietas de manejo complicado. Pero como todo, no hay fórmula exacta, pues lo que más influye es la propia personalidad del niño.

Estando atentos a que no exista un problema real, debemos entender que esta etapa forma parte de su proceso normal de maduración. El niño ha descubierto que es una persona independiente y que además, es capaz de desarrollar acciones elegidas por él y debe ejercitar su voluntad. Esto puede sobrepasarlo y, a veces, conducirlo a que se niegue a cosas tan normales como lavarse las manos o meterse en el baño, ponerse la ropa o sentarse para comer.

Mi consejo es ser muy flexibles. Muchas de las cosas que exigimos que los niños hagan y que hagan en el momento que nosotros decidimos pueden ser demoradas o negociadas. Juguemos con eso, dejándoles tomar decisiones en lo que sea posible, reorganizándonos si hay conflicto y teniendo muy claras las razones para lo que consideramos no negociable.

Cuanta más autonomía dejemos al niño cuando la pida mejor podrá ceder cuando llegue una situación en la que no podamos dejarles decidir. Con autonomía no me refiero a presionarlos para que hagan las cosas solos si no están preparados, sino a que les permitamos decidir en lo que no es de inmediata e indispensable realización.

El niño necesita crecer en madurez, ejercitar su voluntad. Pensemos las pocas cosas que pueden decidir ellos: toda su vida está regida por la autoridad del adulto, escuchan tantos “NO”, tantos “espera”, tantos “haz esto” que merecen su espacio y su tiempo para desarrollarse como personas conscientes de ellas mismas.

Observemos el entorno emocional del niño

Otras causas que influyen en que el niño tenga una especial actitud negativa o no pueda manejar sus enfados o miedos son sus propias vivencias: una mala adaptación a la escuela infantil, problemas con un compañero o con la cuidadora, la llegada de un hermanito o una situación poco armónica en la propia familia les afectarán.

Nuestro papel, cuando detectamos una actitud especialmente conflictiva, es el de analizar el entorno emocional del niño para poder darnos cuenta de que puede estar desequilibrándolo y haciendo que saque su tensión en las rabietas. Y, por supuesto, solucionarlo en lo posible.

Cuanto más pequeños sean, además, más percibirán del estado emocional de su madre, de las cosas que no llega ella misma a enfrentar de su pasado o de su presente, y eso repercutirá en la estabilidad del niño. Sin culpabilizarnos, pero entendiendo que muchas de nuestras tensiones o miedos se reflejan en ellos.

La forma en la que reaccionamos

Cuanto peor reaccionemos, cuanto más perdamos los nervios o nos enfademos, cuanto más tratemos de imponerles silencio y obediencia peor se solucionará esta etapa. Va a ser fundamental la forma en la que reaccionemos para lograr que el niño pueda sentirse seguro y confiado en su maduración.

La flexibilidad en las normas es fundamental. Hay que saber qué es indispensable y que puede ser optativo. Tenemos que analizar cuantas veces al día les mandamos cosas o les negamos algo, y rectificar si estamos siendo demasiado rígidos.

Hay que ser capaces de entender que el niño tiene necesidades: jugar, saltar, descansar, comer cuando tiene hambre y no comer si no la tiene, respetar sus gustos y su personalidad. Eso no quiere decir que en todo deban hacerse lo que el niño quiere, pero si definir bien si nuestra forma de organización del tiempo y las actividades es la que el niño necesita para crecer de forma armónica.

No existe una receta infalible contra los berrinches, pero si hay una que casi, casi, podemos decir que lo es: el amor, la empatía, el respeto, el autocontrol y la paciencia.

Las rabietas y el “NO” pasarán. Si somos conscientes que es una etapa necesaria para su maduración como personas, que solamente están aprendiendo que pueden tener deseos propios, que sus emociones les sobrepasan y tienen miedo de sus reacciones y de las nuestras, podremos manejar los berrinches de forma mucho más sencilla de lo que pensamos.

Mireia Long

Si necesitas más ayuda con las rabietas de tu hijo, el curso especializado en este tema que ofrecemos te va a ser de gran utilidad para solucionarlas, gestionarlas y estar mucho más tranquila en este proceso.

 

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